domingo, 26 de marzo de 2017

El Castillo-Fortaleza y las invasiones alienígenas

Desde que instalaran la iluminación en la Fortaleza no paraba de imaginar invasiones alienígenas. La reposición de Expediente-X en Netflix no hacía sino acrecentar mi paranoia. Me resultaba difícil apartar la mirada de la ventana que daba al Castillo (Lo repetían y lo intuía: "la verdad está ahí fuera").


Habían transcurrido varios años desde que anunciaran con pompa y boato reformas en la olvidada fortaleza: Apuntalaron algunos de los muros, añadieron rejas, puertas y barandillas para hacerlo más "seguro"; Cortaron árboles y matorral del interior; Adecentaron el camino para que accedieran los turismos; Y, como guinda del pastel: ¡La iluminación nocturna!

El origen del Castillo era incierto, violento (como cualquier muro que separa unas personas de otras). Rodeado del misticismo de la nobleza: Esclavos del poder que someten a las clases trabajadoras para entretenerse en sus juegos de guerra, acumulación de capital y estrategia.

En los últimos meses, había observado sutiles cambios en la luz que se proyectaba sobre la base de la colosal construcción. Al inicio del encendido: El verde macilento iba dando paso a un estridente amarillo, que incidía a bocajarro sobre la piedra desnuda.
-Juraría que la luz había sido siempre blanca... o amarilla.
-Lo que es claro es que algo oscuro y maligno se está gestando!
Y no era yo sólo, la Fortaleza dominaba un vasto territorio y presidía todos los hogares de la localidad. Algunos vecinos me habían comunicado, medio en broma, su misma extraña y angustiosa sensación.

Estaba convencido de que aquellos focos, disparando su ridícula luz en la base de los muros, alimentaban la violencia que estos contenían.
Los diferentes gobiernos habían ido instalando antenas, tendido eléctrico y aparatos de generación a su alrededor. Nunca hubo tanta energía concentrada en ese punto... -¿Nunca?-

En mi juventud me encantaba subir con la bici hasta allí. El camino estaba muy erosionado, no solía haber nadie. ¡Y las vistas eran todo un espectáculo!: Hasta el Pico Villuercas, el paisaje era atravesado de terrenos anegados por grandes embalses, dehesas, llanuras deforestadas, monte mediterráneo (y también plantaciones de pino y eucalipto), centrales nucleares abandonadas, líneas de alta tensión...
Por aquel entonces, en el Castillo no había puerta, sólo unas piedras sueltas entorpecían el paso. -Ya que he subido tendré que entrar- Pero, una vez dentro, la sensación era la de que aquellos muros habían presenciado actos horribles, sangrientos. Y todo había quedado allí enterrado, entre rocas y piedras, aletargado, esperando una oportunidad... esperando la chispa adecuada...

1 comentario:

  1. Me quedo con ese castillo sin puerta, con piedras sueltas que entorpecían el paso y con las mejores vistas cacereñas.

    ~ La ceniza es siempre ajena, ;).

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