domingo, 18 de octubre de 2026

Entre trabajos

Hace unos meses comencé un proceso de selección. Un par de entrevistas y me cogieron. Así que ahora ando entre trabajos. Cuatro años de servicio en una consultora parecen más que suficientes. Y eso que no estaba del todo mal -tampoco del todo bien-. Realmente me apetecía probar algo nuevo. Otras formas de trabajar, quizá algo donde no fueras constantemente interrumpido por problemas y personas buscando notoriedad. Mirándolo con la distancia y la calma... Era un ambiente estresante y muy competitivo. Ese estar constantemente entregando a producción, con pequeñas microtareas, siempre urgentes...

Antes de empezar en la nueva empresa, he pillado una semana de vacaciones. Estoy aprovechando para hacer pequeñas chapuzas en casa: pintar la fachada y arreglos varios. El lunes fui con mi padre al campo, donde crece el orégano. El martes llevamos los borregos a la cooperativa, el miércoles madrugué para revisar las ovejas (con este calor, andan acostadas a la sombra en las horas centrales del día)... No he dedicado tiempo a escribir, leer, o pintar cuadros... Necesitaría más semanas de vacaciones para llegar a estar en paz, para tener tiempo de verdad. 

Tengo un amigo que está estresado. Es autónomo. Se especializó en el arreglo de electrodomésticos, pero hace todo tipo de chapuzas. Le llama mucha gente, a todas horas. Todo el mundo quiere hacerle trabajar, a todas horas. "Constantemente entregando a producción, con pequeñas microtareas, siempre urgentes". Pequeños egos compitiendo por darle prioridad a sus arreglos.

Los trabajos son duros, por eso necesitamos que nos paguen, por eso todo el mundo sueña con la jubilación... no para ser viejos, sino para dejar de trabajar para los demás y centrarnos en lo nuestro, o en los nuestros... para recuperar el tiempo.

No me dolió dejar el trabajo. Me han tratado muy bien y tenía una muy buena relación con los compis -de la consultora y también del cliente final-. Pero yo también he entregado lo mejor de mi. Era una relación laboral en la que yo he cumplido con creces, no creo que nadie tenga quejas de mis servicios.

A la tarde fuimos a Peloche... A última hora, después de las 8. Es cuando mejor se está. Es flipante cómo va cambiando la luz, las nubes, las charlas de las pocos grupos que van quedando en la orilla. El agua estaba caliente y en calma, ideal para nadar o simplemente flotar, mirando el cielo pasar. 

Esta semana no he tomado café. Y me siento bien. Despierto. 

Antes de despedirme, me invitaron a participar en unas entrevistas para incorporar un sustituto. Nunca había asistido a algo tan sucio. El caso es que los candidatos parecían estar dispuestos a someterse a ese cuestionario absurdo sobre conocimientos generales. Un sinsentido, porque todo se podía resolver con preguntas del tipo qué has estado haciendo? Cómo trabajas?... Pero, en tiempos de la IA y los buscadores de internet, seguimos obsesionados con el conocimiento enciclopédico -cuando resultan mucho más útiles, la actitud y las habilidades-.

Ya llevo unos meses en el nuevo curro. Está bien, los roles están bien distribuidos y cada uno hace su parte -al menos en los proyectos bien asentados-. 

Ayer, en el campo, estuve usando la desbrozadora con la cuchilla de sierra. En mi cabeza era muy fácil, pero la naturaleza es muy irregular, las jaras son muy duras, lo que cortas te cae encima... hay que practicar y probar para dar con la técnica apropiada a cada circunstancia.

domingo, 15 de marzo de 2026

La Palmera y los amigos en el Infierno

Es importante tener algún amigo abogado que nos ayude a interpretar documentos legales. También algún médico que descifre informes y analíticas. Algún cargo público que facilite trámites; policías, arquitectos... Hay que tener amigos hasta en el Infierno. Especialmente en el Infierno.

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Así consiguió sobrevivir a la dictadura del militar golpista, a la transición y a la democracia. No pedía mucho y, con poca ayuda, consiguió medrar en nuestra sociedad. Se convirtió en una figura importante que, incluso, daba nombre -al paseo y al edificio a sus pies-. Quizá no sea un patrimonio necesario de mantener a toda costa. Quizá su tronco no acabe fosilizado en un museo. Pero La Palmera ha sido testigo de una época. Inmortalizada en fotos, cuadros y, por supuesto, en las vivencias y recuerdos de todo un pueblo. 
Ha ido desapareciendo poco a poco: relegada a segundo plano por otras palmeras y, más recientemente, escondida tras un toldo multicolor -en el plasticoceno la vegetación cotiza a la baja en los mercados de la sombra y la ornamentación-. 
Así que, a lo que no ha logrado sobrevivir es a una globalización cutre, depredadora y oportunista que, igual que exporta guerras a oriente medio, se trae al cambio plagas de llamativos picudos gorgojos rojos.

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La Palmera, en su relegación a segundo plano, fue perdiendo amigos... Especialmente los amigos del Infierno.





domingo, 8 de marzo de 2026

La política del parque infantil

¡Dale más fuerte Sophia! Jajaja! ¡Más alto! Jajaja! No pasa nada! Porque si nos matamos estamos al lado del cementerio! Jajajaja... - Eso decía Laia mientras se columpiaban en el parque infantil aledaño al campo santo. Y se me antojó verdad aquello de que en los pueblos se vive la muerte con más cercanía: Entierros, velatorios... La conversación misma sobre quién se ha muerto hoy, o los accidentes varios que ocurren a vecinos y vecinas están siempre presentes.
Se ha criticado hasta la saciedad la ubicación del parque infantil, pero tiene mucho de poético, de sol de justicia y de reconciliación con nuestros antepasados. Aunque los autores/responsables nunca esgrimieron esos argumentos. Pareciera más una decisión meramente técnica, económica u oportunista: -Nos dieron unos dineros para gastarnos en esto. Así que talamos los árboles, levantamos el paseo anterior y, aprovechando las demandas de las familias, hicimos un parque infantil.

Pero Langdon Winner nos dice que los artefactos son políticos. La ubicación y disposición del parque se enmarca en la estructura y el ideario de quienes gobiernan y dirigen nuestra sociedad. Un ideario donde el parque, como el cementerio, deben estar en las afueras, donde no interrumpan y entorpezcan el consumo. Un lugar agreste e incómodo de no reunión para las familias -no sea que compartan opiniones y se organicen espontáneamente-. Un lugar para mantener la infancia lejos de las cosas importantes. Un parque segmentado por edades -como la organización de nuestra educación para la inserción en sociedad-, parcelado -como la política del pueblo: delimitada al ayuntamiento, bajo la estricta tutela de quien gobierna-. 

La preocupación por el parque engloba un colectivo importante en la localidad: familias con niñas y niños en edad escolar -que pueden ser alrededor de 300 familias, nada despreciable en un pueblo de 3500 habitantes-. Pero el ideario liberal ha calado tan hondo en quienes dirigen el pueblo, que apenas existen opciones de ocio para los más jóvenes sin estar mediadas por el dinero. Así que, adolescentes, niñas y niños, vagabundean de la tienda de chuches -aprendiendo los rudimentos del capital- al parque del cemen y, cuando hace malo, se refugian con sus móviles en solares, soportales ... fuera de la mirada de cualquier tutela posible.

Como señala Winner, los dirigentes cambian, pero los artefactos continúan haciendo política: ordenando la sociedad, distribuyendo y coartando oportunidades, normalizando...

lunes, 23 de febrero de 2026

Feria, cine y barraca

El capitalismo como una feria. Llena de atracciones... Más bien como una noria: en la que giramos entre mareados y eclipsados por las luces, la música y la experiencia evasiva. Una noria donde el eje se ha quebrado y andamos a la deriba, al borde del abismo...

Los demonios de barro me identifica, me apela... Yo podría perfectamente ser la chica obsesionada con el trabajo -pero nunca llegué a perder tanto el vínculo con el pueblo-. El abuelo estaba obsesionado con el agua y comprar tierras; la nieta, con ser la mejor profesional en su sector. Obsesiones que tratan de llenar un vacío que nada tiene que ver con lo laboral o la acumulación de capital -más bien con estar donde y con quien queremos estar-. 
El piso de la chica está lleno de automatismos y tecnología. Un piso pequeño, de ambiente controlado, listo para relajarse después de una dura jornada. Pero cuando llega a la casa del pueblo, todo es manual, la naturaleza trata de colarse por cada pequeño rincón y hay un montón de tareas que exigen atención. Ese trabajo de casa tiene algo de reparador y también de obsesivo,  pero no de acumulador, pareciera una reacción ante la erosión y un adaptarse a los ritmos del entorno. 

Yo también tengo algunas manías. Me gusta fregar los platos a mano con agua fría. Es mi particular homenaje a Diógenes: fregar a mano es mi "comer lentejas"; lo que me salva de adorar al rey -contratar más potencia de luz-. 
Cada nuevo pequeño cambio en el hogar es con electricidad. Y existen alternativas, aunque no sean tan molonas como una air-fryer... La sartén es un rudimento poco atractivo en los mercados de las luces, los pitidos y la inteligencia artificial.

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Ayer me fui con mi suegro y sus colegas a "la barraca". Una chabola en el campo, donde tienen un pequeño huerto, gallinas, perros... Todo hecho a mano con lo que han ido recogiendo por ahí, comprando y aportando cada uno. 

Pasamos frente al Mataró Parc. Y, mientras Manolo iba contando la retahíla de males que lo aquejaban, el centro comercial se aparecía como en otra dimensión, un lugar totalmente al margen de nuestra realidad, algo irrelevante que trataba de llamar mucho la atención en el paisaje de pinares, invernaderos, edificios, autopistas...

Por fin brillaba el sol y me resultaba muy extraño y relajante estar hablando allí sobre las lluvias, los pueblos, la política, las enfermedades de los mayores, el ruso que había comprado los terrenos e iba a tirar la barraca... mientras preparábamos la panceta y la butifarra a la brasa y echábamos un trago al porrón de vino.

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En El regreso de las golondrinas hay un contraste muy fuerte entre el mundo rural de los protagonistas -anclado en técnicas y formas de vida ancestrales- y la vida nueva, brillante y acelerada que se abre paso en las ciudades: acumulando capital, comprando y vendiendo bienes de consumo. 
Los protagonistas trabajan duro para hacerse un hogar en el mundo. Resulta hipnótico, el sucederse de las tareas agrícolas, la mula tirando del carro, la tarea titánica de construir una casa fabricando su propio adobe... Lo extraño son los coches pasando a toda velocidad, el bmw, el chico de ropa nueva que regatea los salarios, el piso en la ciudad... 
En el pueblo me siento a veces como el protagonista, porque conviven los 2 mundos: el moderno y creciente capitalismo de consumo y los resquicios de autosubsistencia ligados al campo. Quizá no importa mucho que ahora tengamos que cuidar de motosierras, tractores y desbrozadoras, en lugar de mulas.... O quizá sí importa... Quizá nos hemos vuelto como nuestros medios: más máquinas, más ruidosos, más acelerados, más consumistas, menos sensibles al dolor ajeno.

viernes, 6 de febrero de 2026

Religiosidad

Estaba viendo un episodio del Escarabajo Verde. Hablaban de la muerte y de enterrarse. En algún momento se plantea la opción de enterrarse directamente en un agujero en el suelo -sin ataúd ni nada-, es muy romántico y ecológico... Pero eso es algo que no se puede hacer -por restricciones legales-. Sin embargo, el mercado ofrece un montón de productos para que tu recipiente sea más ecológico. Ni en la muerte nos libramos de los productos, de El mercado...

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He estado estudiando Filosofía de la Religión (II). No soy una persona religiosa, ni mística. No creo en el más allá, ni en la idea de justicia reparadora. Moriremos y los ricos construirán urbanizaciones sobre nuestras tumbas. Pero está bien tener esperanza. A veces todos necesitamos tener esperanza y creer que existe un sentido.
Lo más parecido a la religiosidad que puedo experimentar, es cierta comunión con el Mundo, especialmente en contacto con la Naturaleza. Resulta sublime sentirse parte de esa inmensidad, complejidad, perfección... El sentimiento oceánico.
Pero el mito, la leyenda sí que me interesa. Me interesan los mitos griegos y también los bíblicos. La figura de Cristo es apasionante. 
No se puede negar que nuestra cultura le debe muchas cosas buenas a la religión cristiana. Pero el mesianismo da paso a la institucionalización y, esta, a la opresión, el privilegio y su conservación a toda costa. Al mesías se le obedece porque se le ama, y a la institución sólo porque se la teme. 
Es cierto que hay personas religiosas muy malas -seguramente serían aún peores sin religión-. En Occidente ha perdido mucha fuerza como fuente de valores morales y espirituales. El consumo, el ocio, la tecnología, el mindfulness, las pantallas, los criptobros... le van comiendo terreno. La sociedad se individualiza y los grandes poderes campan a sus anchas segando vidas sin ningún escrúpulo. Ya no es la religión el opio del pueblo, ahora tenemos otras drogas. Y las críticas de la ilustración ya no tienen tanto sentido.

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Hace unas semanas matamos un cordero. Era más grande que los que solemos sacrificar. Pesaría unos 50 kilos. Estaba buenísimo. Las mejores chuletas que he probado nunca. Tenía el buche lleno de hierba y bellotas . Podría perfectamente ser El Cordero de Dios. Porque Dios no será todopoderoso, pero sí es bueno.

domingo, 18 de enero de 2026

Los agujeros negros

Ya no me siento inspirado/animado a escribir. No encuentro tiempo, no se dan las circunstancias de solitud. Luego miro las estadísticas del celular y veo ese montón de horas perdidas en los agujeros negros del scroll y los reels infinitos... Todo está mal en internet. Me está generando pésimos hábitos, no consigo estar cerca de una pantalla sin estar checkeando cada 5 minutos: el tiempo, whatssap, face, correo, el chat del curro, compras... Me está dejando el cerebro frito. Necesito un  llados que me diga lo de la fucking panza, que empiece a orar, que madrugue más, que deje el alcohol y mis amigos para que mi futuro se llene de lamborginis y chalets en la playa.

Lo que más me relaja es cuando dejo el móvil aparcado y me pongo con mis tareas campestres: hacer leña, cortar los mamones, podar, pintar... 
Esto del blog, no. Porque tengo que hacerlo delante de una pantalla. Y ya he dicho que la pantalla está llena de agujeros negros. Me da pereza hasta consultar lo que yo he escrito -y la mayoría son notas personales, para mi yo del futuro, para mi yo perdido en algún agujero negro-. Tanto me he acostumbrado al contenido fácil, sexy y rápido que me lanzan a bocajarro, que me da pereza hasta leer lo que otros escriben -solo lo leo si es corto, directo, fácil y sexy-. Corren malos tiempos para Azorín.

"Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruyeNuestros cuerpos caen rendidos como una maldiciónEl pasado ha pasado y por él nada que hacerEl presente es un fracaso y el futuro no se veLa mentira es la que manda, la que causa sensaciónLa verdad es aburrida, puta frustración" - Cerebros destruidos

 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

De Cristos, ropa nueva y pornografía

Los ricos y las personas influyentes son católicos ¿Cómo consiguen organizarse para imponer símbolos, ritos, construcciones? 
Porque hay que estar muy bien organizados, o mantener una ideología muy cohesionada, para levantar esa estructura de iglesias y simbología que se distribuye por las zonas más relevantes de ciudades y pueblos en todo occidente -y gran parte del sur global-.

Me llaman mucho la atención las interpretaciones positivas que desde el marxismo, se hacen de la biblia y de la figura de Jesús. Como por ejemplo las de Kolakowski o Bloch. 
Parece imposible hacer una interpretación así desde el fascismo, el capitalismo o el liberalismo (progresista o conservador). Desde esas derechas sólo concebimos defender y ahondar el privilegio, elitismo y opulencia de la Iglesia.
Es curioso -más bien obsceno- como desde la base de textos y parábolas que hablan de la liberación, el reparto, lo comunitario, el amor, la igualdad, fraternidad... se acabe levantando un constructo piramidal de poder.   

Santuario de Lourdes, Francia. Agosto 2025

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Nos sentamos en un banco de madera de una capital de provincia. Era otoño, pero hacía frío. Estábamos en una calle peatonal y comercial. Ya era de noche. La gente paseaba ociosa. Todos iban muy limpitos, con ropas brillantes y nuevas. Ropa informal y abrigada. No había punks, hippies, heavies... Ninguna tribu urbana, ni trabajadores, sólo gente bien. De todas las edades, mirando escaparates... 
¿De dónde salía toda esa ropa nueva? Creo que es lo que más llama la atención cuando ves fotos antiguas. No es tanto el cambio de moda o estilismo. Es la ropa usada, ropa que tenía vida más allá de una temporada.

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En las conversaciones de mi entorno: amigos, familia... La gente habla mucho de lotería, bienes inmuebles, inversión... Temas horribles, inmorales y aburridos. Estamos en esa edad en que somos como nuestros padres. Y repetimos los mismos patrones. Nada ha cambiado. 

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En la tele escuchaba que los adolescentes de hoy día son machistas. Que utilizan las nuevas tecnologías para controlar a sus parejas. Además, tienen la sesera frita de ver tanto porno y se dedican a repetir en sus relaciones las performances que ven en xvideos. Esto, quizá, sí ha cambiado, no sólo en el aspecto tecnológico: además es mucho más fácil acceder al porno desde edades más tempranas. Incluso, el porno en sí, tal como se representa en la peli Pleasure, tiene  unos tintes más violentos que el porno de las pelis de los ochenta y noventa.

Resulta paradójica toda esta pornificación. Mientras, en las capas más elevadas -en lo legal, lo político y lo moral- se hace tremendo hincapié en una visión feminista de la sociedad.
La figura de Cristo se aplasta bajo las construcciones de bellas catedrales.
El feminismo y la igualdad tratan de salir a flote sobre mentes empantanadas por la pornografía. 
Quizá podría pensarse que toda pulsión sexual violenta queda atrapada por la fantasía voyeur del porno. Pero, al final, el trabajo pornográfico lo tiene que hacer alguien. Y, si hay peña tratando de performar esas burradas en la vida real, es que algo no anda bien tampoco en el mundo virtual.


miércoles, 30 de julio de 2025

Verano de colores, sonidos y sabores

Una de las cosas que más me gusta de dormir en tienda de campaña es que se oye todo lo que ocurre fuera. Y, claro, puedes fabular y reconstruir escenas. Es como quitarse la gruesa capa de hormigón que nos separa de la naturaleza para que lo haga una fina tela, por la que se cuelan un montón de cosas: el canto de los pájaros, las conversaciones de la gente, el rugido del viento, el fluir de los ríos...

Disfruto mucho este nomadismo en busca del buen tiempo. Huir del calor, buscar la siguiente localización... Donde hay campings siempre hay sitios interesantes que descubrir. Y, si no mola el sitio, te vas a otro. Poder improvisar las vacaciones es quizá lo mejor. Salirse del circuito turístico, olvidarse de la obligación de visitar los lugares emblemáticos.

Hay muchos campistas. Todos tienen su repertorio. Los que viajan en autocarabana, en 4x4, en coches normales, en bici, moto... Requiere cierta experiencia, preparación, herramientas y habilidad. Cosas que no se le suelen exigir al turista -porque al turista hay que ponérselo fácil, para que quede en disposición de gastar-. Tampoco son obstáculos insalvables, cualquiera con un mínimo de interés puede practicar el campismo, y siempre aparecen detalles que pulir.

Llegamos a un camping cerca de los Pirineos franceses. Tenía piscina. Pero hacía fresco. Yo, si veo un mar, un río, un lago... Me tengo que bañar. Aunque esté helando. Pero las piscinas no. Las piscinas me dan pereza. Si no es necesario bañarse ¿Por qué hacerlo? Es algo que me cuesta explicar en el contexto del pueblo. Yo voy a bañarme al pantano porque me gusta: el entorno, estar al aire libre, nadar, saludar a gente... aunque el agua esté un poco sucia o tenga algas, sanguijuelas... Es algo que me apetece. Y, las piscinas, me dan pereza. Si hace mucho calor y no queda más remedio que realizar una actividad lúdica que necesariamente es de agua, porque el calor del pueblo en verano no deja hacer otra cosa, entonces sí, vamos a la piscina.  
Con las vacaciones de camping pasa un poco igual. Existe una cierta tendencia a asociar las vacaciones con el turismo de sol y playa. No hacer nada, que te lo den todo hecho. Quizá podría acostumbrarme a eso, pero ya lo he probado y sé que no es lo que más me apetece. Casi diría que me disgusta y repele esa rutina vacacional.  

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Cada 25 de Julio celebramos el cumple de Sophia, y lo solemos hacer en el parque forestal de Mataró. Es como ir de acampada durante unas horas. Disponer la comida, la bebida, las banderitas... Es un proceso un tanto arduo, pero el resultado merece mucho la pena... No es como el típico cumpleaños infantil del que todo el mundo intenta escaquearse. Solemos decir muchas veces que "No es el lugar, son las personas"... Pero el lugar también importa. Un lugar donde sentirse libre y no encerrado, un lugar en la naturaleza, con sus incomodidades, sus colores, olores...

En Peloche, durante el verano, también solemos hacer otro simulacro de acampada: nos damos un baño en la playa de hormigón y luego nos quedamos en el merendero a cenar. Esto es mucho más fácil de preparar: sólo hay que llevar lo que vas a comer y beber esa noche. Y, otra vez, el entorno es incomparable.

martes, 8 de julio de 2025

Sanguijuelas del Guadiana

Hace cosa de unos años que se viene oyendo hablar de este grupo por la zona. Pero están dando el salto a la escena nacional. Y me he animado a escuchar el disco completo.
Me daba un poco de pereza porque, por el nombre y las descripciones que se daban, pintaba como el típico grupo del Viña Rock. Que está bien, que yo sigo escuchando ese tipo de música..., pero es verdad que me parece un género ya un tanto agotado. Tengo mis bandas y canciones de referencia de juventud -Extremoduro, Envidia Kotxina, Sínkope, Reincidentes...- y algunos grupos más recientes -La raíz, Sons of Aguirre, Lendakaris muertos...-, pero ya no es mi caladero para descubrir nuevas músicas. 

Así que, al escuchar el disco de los Sanguijuelas, me sorprendió. Es un disco de estudio bien producido, se aprecia gente experimentada alrededor del proyecto, con colaboraciones interesantes -como la de Celia Romero-.
Claro, yo esperaba algo mucho más cutre, más crudo. Después de todo, son unos chavales muy jóvenes.  Y es que la publicidad que se daban también iba en esa dirección de lo local, lo autoproducido... Se decían con influencias de Extremoduro, Los Chichos... Incluso el nombre es bien ácido, especialmente ahora que se está intentando publicitar las playas de agua dulce de nuestros pantanos. Unas playas llenas de sanguijuelas -que nunca salen en la foto-. Pero la música que hacen, no va por esos derroteros, es una música melancólica, calmada, reflexiva, contenida... La sensación que me transmitió el disco fue la del Extremeño triste, resignado: a tener que salir de su pueblo o quedarse y confundirse con la tierra. 

Y pienso en los grupos que tenían éxito en los 90s. Que sacaban discos que sonaban horrible, pero que la gente compraba porque eran pura dinamita contra el sistema, o estaban llenos de energía cósmica -Amaral, Los Planetas,..-. 
Extremoduro casi no tocaba en Extremadura, era odiado por las autoridades. 
Las Sanguijuelas, sin embargo, se lanzan apoyados por la Junta y otros organismos regionales... Y claro, el grupo no tiene garra. Tiene chispa, es simpático, cuenta historias que los que vivimos en los pueblos conocemos muy bien. Cuentan la historia del final de una época, del final de la ruralidad. La ruralidad contemporánea, vivida desde la infancia hasta que hay que salir a estudiar o currar. Un Mundo cerrado del que no es posible escapar, ni imaginar una alternativa, ni reventar a puñetazos... un Mundo donde sólo existe huida hacia adelante.

Sanguijuela prendida en la suela de los escarpines. Playa de Peloche. Agosto de 2020.

Las sanguijuelas son esos bichos que viven en el pantano, 
donde hay arenilla o cieno. 
Están siempre esperando que alguien les ponga el pie cerca, 
para prenderse a la piel,
para chuparles la sangre...

Algunos las comparan con banqueros, políticos, empresaurios... 
esa gente que se apropia del fruto de tu trabajo. 
Pero las sanguijuelas no son tan malas como "esa gente". 
Las Sanguijuelas del Guadiana sacan buenos discos.

 

miércoles, 2 de julio de 2025

De profesiones, trabajo en el campo y escaqueo en consultoría

"Lo que me sorprende es que en nuestra sociedad el arte ya solo tenga relación con los objetos y no con los individuos o la vida; y también que el arte sea un dominio especializado, el dominio de los expertos que son artistas. Pero ¿no podría la vida de cualquier individuo ser una obra de arte?" -Foucault, M.: La ética del pensamiento. Por una crítica de lo que somos (Edición y traducción de Jorge Álvarez Yagüez). Madrid, Biblioteca Nueva, 2015. Pg 353.

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En la inmensidad de la finca -del Campo con mayúsculas-, de la inabarcabilidad de las tareas, del trabajo infinito... se genera un aislamiento y, a la vez, comunidad: con las plantas los animales el agua...-.  No hay nada de artístico allí, poca intervención humana, pero, en el contexto de mi vida, aporta una dimensión estética... Porque yo no debiera estar ahí -es también mi pequeña resistencia-. Yo no debería estar ahí, debería estar produciendo, diseñando, invirtiendo, amasando fortunas, viajando, consumiendo... En lugar de bregar con las ovejas, la leña, las jaras... Durante ese tiempo estoy lejos de los engreídos y estirados ingenieros. Me siento más humano y considero que le da intensidad a la novela.

 

Hace unos días terminé de leer "Oposición" de Sara Mesa. En cierta manera, me sentí identificado. No es muy común pero, en ocasiones, me ha ocurrido que uno está en un buen trabajo sin mucho que hacer... Y acaba siendo bastante incómodo, porque puede que no haya mucho que hacer, pero hay que estar ahí. Y, además, hay que aparentar que se está haciendo algo... para que no se rompa la ficción y acabemos todos en la cola del paro, o nos muevan de posición. La verdad que, cuando me ha ocurrido, siempre he acabado buscando otra cosa... el aburrimiento te acaba llevando a mover el curriculum. Además, en la empresa privada, cuando ocurren estas situaciones, es porque se avecinan cambios -y no para bien-.
Hace unos meses hubo un ataque informático a la compañía para la que trabajo y, de golpe y porrazo, no podíamos hacer nada... Pero había que estar ahí. Hay verdaderos maestros del escaqueo para los que no supone ningún problema... Yo, lo llevo bastante mal. Por suerte, entre lo que me quedaba pendiente y absorbiendo el escaqueo de mis compis, pude seguir trabajando sin necesidad de simular. 
Resulta difícil aprovechar ese tiempo para otras cosas. Porque hay que estar ahí, aunque sea perdiendo el tiempo. Yo teletrabajo pero, da igual, porque hay que estar pendiente de un montón de comunicaciones que llegan por un montón de canales. Simular es también un trabajo... Hay que mantener la confianza: con el cliente, los jefes, los compañeros... Creo que nunca había estado en un trabajo donde la necesidad de simular fuera tanta, donde la ineficiencia en la organización del trabajo fuera tan desastrosa y donde la implicación fuera tan baja. Quizá es algo común en el ámbito de la consultoría.

"A estas alturas, debía saber que yo no hacía nada. Sin embargo, hablaba de mí como si estuviera ocupadísima. A los funcionarios de otros departamentos les decía: menos mal que vino, yo es que no doy abasto..." - Sara Mesa: Oposición.

El síntoma mas notorio debe ser ese: tener que estar siempre  justificándose, hablando bien de ti mismo, hablando mal de los "otros" y lisonjeando a tus compañeros... Resulta imposible hacer autocrítica cuando sabes que no estás haciendo nada y que romper la simulación solo te puede llevar a un lugar peor.

En el campo siempre hay muchas cosas que hacer, por eso que hay que fijar pequeños objetivos, que sabes que acabarán atrayendo más trabajo... Así que, hay que terminar poniéndose límites... Bien mirado, en las empresas pasa un poco lo mismo: en cuanto uno empieza a sacar trabajo le acaba cayendo más trabajo y hay que marcarse límites, o delegar en los demás -que para eso es una empresa-. En el campo no es tan fácil delegar. Si delegas ya no es Campo, entonces se convierte en un negocio, en una explotación agroganadera, una empresa... un oficio.

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Hace unos días se graduó la mayor de mis hijas -el año que viene comienza el insti-. Estuvo muy interesante el acto. Pudimos escuchar el relato de profes, dirección, autoridades locales, madres, padres... Cada uno de los agentes tenía su propia visión de cómo había sido el proyecto de formación de esos preadolescentes que finalizaban su etapa de juego, diversión, aprendizaje, socialización en el cole y parecían ser lanzados ahora, sin anestesia, al mundo adulto: al mundo del trabajo y las profesiones. Era una "lucha por el relato" en la que no ganó nadie, porque solo interesaba a los propios agentes implicados.
El relato de lxs niñxs resultaba más difícil de descifrar: no tenían que justificar nada, estaban allí porque les habíamos mandado. Sin embargo se les veía felices, se acordaban de sus excursiones, de las cosas que les habían hecho gracia, también eran protagonistas y hacían tonterías.
 
Una ministra dijo hace tiempo que los hijos no son de sus padres... son también del Estado, de las empresas, del sistema educativo, las administraciones, las pantallas, las marcas... Pero, afortunadamente, las niñas y niños todavía podían seguir jugando y riéndose de la ministra, las autoridades, maestros, dirección y de todos los allí presentes.
 
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Me ha resultado muy interesante leer estos meses a Foucault y Agamben. Porque todas las ideas focaultianas dan buena cuenta del proceso de formación de las niñas, de sus cuerpos, identidades... Y todo el control biológico y conductual al que los sometemos: checkeos médicos, educación física, horarios, hábitos alimenticios y saludables, pautas de descanso, pautas de comportamiento, identidad de género, sexualidad, higiene... Sí, en los preadolescentes ya empiezan a ser notorios los rasgos familiares y sociales. El control, la disciplina, la recompensa y el castigo han hecho su trabajo. En este sentido me resultó gracioso e inquietante que mi hija se disfrazara como yo, como si deseara tener un oficio similar al mío... sea lo que quiera que sea mi oficio.  
Lxs niñxs estaban en el escenario iluminado, nosotros podíamos verles, pero ellxs a nosotros no. Por eso se esforzaban en sus representaciones, trataban de hacerlo lo mejor posible y nosotros nos sentíamos poderosos porque teníamos el control sobre aquellas medianas criaturas.
Pero me ha resultado más interesante cómo Agamben enlaza las ideas de biopoder y control con la ley, los Estados... Todas esas estructuras estaban también presentes en ese acto. El alcalde, el director... revestidos de poder soberano, aunque solo sea durante el ejercido de su legislatura. No tienen el alcance y las consecuencias de un Estado, pero sí cierta influencia para establecer el adentro y el afuera, los favorables y los bandidos, lo que está bien y lo que no es tolerable...

Y mientras miraba a lxs despreocupadxs chavalxs, me dio un poco de miedo y asco el mundo al que les estábamos lanzando a trabajar para... Allí no se atisbaba dimensión estética, ni papel sin cuadrícula donde escribir la novela.