Se habla mucho de que si la juventud es ahora más de derechas que antes. También las mujeres -con grandes lideresas muy fachas: Ayuso, Meloni, Miriam Nogueras... A los hombres ya se les da por perdidos, ellos inventaron el fachismo...
Es verdad que, quizá, están teniendo un repunte las derechas - más o menos extremas-. O, por lo menos, se exhiben más, no les da vergüenza, se les dedica mucha atención...
Hay quien dice que se debe al agotamiento del capitalismo y la social democracia: ya no es posible seguir creciendo al ritmo anterior, ni quedan terrenos por descubrir. Ya sólo nos queda expoliar y explotar a un otro cada vez más cercano. Por eso triunfan estas ideas, racistas y del privilegio: -Igual no soy el más rico, ni el más ario, pero soy de aquí de toda la vida, así que estos se deben quedar por debajo, que sufran y trabajen como sufrieron nuestros abuelos-.
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Entramos al museo de Lagartera. Todo normal. Pagamos dos euros por cabeza y una señora nos enseñó una cocina de antiguamente, las diferentes estancias de la casa -con su cerámica, lo dorado, baúles...- y los trajes típicos de la zona. Conocía muy bien las diferentes prendas, los tejidos y las piezas que las adornaban. Iba hilando todo con las diferentes festividades y los usos de los trajes.
Nos llevó a una sala con telas que parecían antiguas, muy adornadas... Y, aquí, más que en ninguna otra sala, la mujer estaba en su salsa. Nos dio todo tipo de detalles de las diferentes técnicas de bordado utilizadas. No se estaba tirando el pisto ni repetía como un papagayo. Sabía de lo que hablaba. Resulta que Lagartera había sido famoso durante los últimos siglos por sus bordados artesanales. -Tengo recuerdos de cuando aprendí a leer y escribir en el cole. Pero no sé cuándo aprendí a coser. Aquí todo el mundo cosía. La población vivía de esto. Esta sábana que veis aquí puede tener dos años de trabajo de una persona bordando 8 horas diarias.- Nos contaba, mientras sacaba un cojín de costura, aguja e hilo. Nos dio una pequeña lección, mientras quitaba hilos de la tela para formar la cuadrícula. -Ya ha caído mucho. Los jóvenes no se dedican a esto. Yo tengo 60 años y, la mayoría de las que quedan son mayores que yo. Las nuevas generaciones no saben coser.
Al pasear por la calle se veían muchos carteles de casas en la que se podían hacer encargos y se vendían labores. Sí, se notaba que había sido un trabajo importante en la localidad.
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Tipos de Lagartera o Novia lagarterana - Por Joaquín Sorolla - Museo Sorolla cedió este archivo por mediación de Wikimedia España., CC BY-SA 4.0, Enlace
Me preguntaba cómo no habían llegado a automatizarse, a industrializarse y a producirse en serie aquellos productos? Cómo el capitalismo no había absorbido aquello y lo había enmierdecido -haciendo lo mismo pero con calidades cada vez peores-.
-En estas casas convivían tres o cuatro generaciones. La gente se casaba y tenían que quedarse un tiempo... Era difícil acceder a la vivienda. -Ahora también.- Dijimos al unísono, con una suerte de carcajada triste.
Nos mostró unos cuadros de un pintor local. Representaba detalles de una boda. -Antes duraban cuatro días. Se invitaba a vecinos, familiares... Las familias eran muy extensas.
-Mi hijo se casa el año que viene. Vive en Madrid. Se casa con una chica que no es de aquí. Los jóvenes ya no quieren tanto lío. Comida en el restaurante y cada uno a su casa.
Básicamente describió la atomización de la sociedad, cada vez más individualistas. Socializados por el consumo: queremos la foto en el restaurante y luego irnos a ver una serie. Nos agobia la idea de compromisos familiares. Un piso pequeño con conexión a internet y alguien que nos traiga la comida a casa. Ver todo arder, desde el sofá.
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La fascistificación de la sociedad que se denuncia últimamente es la producida por la individuación y los contenidos que promocionan las redes sociales. Como estamos solos en casa, aunque nuestro contexto familiar sea obrero, progresista, antifranquista, etc. no resulta efectivo. No se utiliza para contrastar, debatir ni discutir. Es un contexto excluido. No estamos atados a una tradición o lugar. Así que, ese enraizamiento que podía servirnos de guía en nuestro día a día, acaba sustituido por todos esos mensajes de odio al inmigrante, por los deseos de enriquecimiento rentista y una suerte de meritocracia reconfortante. Nos dejamos guiar por una ideología que básicamente viene a legitimar la desigualdad y la acumulación de capital a costa de los otros que no participan de nuestra forma de ver el nuevo y flamante mundo moderno.
Se dice que son los jóvenes los más vulnerables. Pero, yo miro a mi alrededor y, es la gente de mi edad y mayores, en los que se van asentando con más vigor estas ideas -seguramente permee también a los hijos-. Quizá, realmente, sean los jóvenes los menos vulnerables: porque socializan en las instituciones educativas, salen, se divierten y, sobre todo, sienten como el capitalismo financiero y rentista trata de apropiarse de su fuerza de trabajo -a cambio de alquileres y precios exorbitados-. Son los jóvenes los que están en las acampadas, los que han convocado una huelga general, los que se manifiestan en las calles... Los fascitificados somos nosotros, los pollavieja que no queremos renunciar a nuestras potenciales propiedades y la exigua parcela de poder.

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