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domingo, 15 de marzo de 2026

La Palmera y los amigos en el Infierno

Es importante tener algún amigo abogado que nos ayude a interpretar documentos legales, también algún médico que descifre informes y analíticas, algún cargo público que facilite trámites, policías, arquitectos... Hay que tener amigos hasta en el Infierno. Especialmente en el Infierno.

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Así consiguió sobrevivir a la dictadura del militar golpista, a la transición y a la democracia. No pedía mucho y, con poca ayuda, consiguió medrar en nuestra sociedad. Se convirtió en una figura importante que, incluso, daba nombre -al paseo, el edificio a sus pies-. Quizá no sea un patrimonio necesario de mantener a toda costa. Quizá su tronco no acabe fosilizado en un museo. Pero La Palmera ha sido testigo de una época. Inmortalizada en fotos, cuadros y, por supuesto, las vivencias y recuerdos de todo un pueblo. 
Ha ido desapareciendo poco a poco: relegada a segundo plano por otras palmeras y, más recientemente, escondida tras un toldo multicolor -en el plasticoceno la vegetación cotiza a la baja en los mercados de la sombra y la ornamentación-. 
Así que, a lo que no ha podido sobrevivir es a una globalización cutre, depredadora y oportunista que igual que exporta guerras a oriente medio, se trae al cambio plagas de llamativos picudos gorgojos rojos.

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La Palmera, en su relegación a segundo plano, fue perdiendo amigos... Especialmente los amigos que se mueven por los Infiernos.





domingo, 8 de marzo de 2026

La política del parque infantil

¡Dale más fuerte Sophia! Jajaja! ¡Más alto! Jajaja! No pasa nada! Porque si nos matamos estamos al lado del cementerio! Jajajaja... - Eso decía Laia mientras se columpiaban en el parque infantil aledaño al campo santo. Y se me antojó verdad aquello de que en los pueblos se vive la muerte con más cercanía: Entierros, velatorios... La conversación misma sobre quién se ha muerto hoy, o los accidentes varios que ocurren a vecinos y vecinas están siempre presentes.
Se ha criticado hasta la saciedad la ubicación del parque infantil, pero tiene mucho de poético, de sol de justicia y de reconciliación con nuestros antepasados. Aunque los autores/responsables nunca esgrimieron esos argumentos. Pareciera más una decisión meramente técnica, económica u oportunista: -Nos dieron unos dineros para gastarnos en esto. Así que talamos los árboles, levantamos el paseo anterior y, aprovechando las demandas de las familias, hicimos un parque infantil.

Pero Langdon Winner nos dice que los artefactos son políticos. La ubicación y disposición del parque se enmarca en la estructura y el ideario de quienes gobiernan y dirigen nuestra sociedad. Un ideario donde el parque, como el cementerio, deben estar en las afueras, donde no interrumpan y entorpezcan el consumo. Un lugar agreste e incómodo de no reunión para las familias -no sea que compartan opiniones y se organicen espontáneamente-. Un lugar para mantener la infancia lejos de las cosas importantes. Un parque segmentado por edades -como la organización de nuestra educación para la inserción en sociedad-, parcelado -como la política del pueblo: delimitada al ayuntamiento, bajo la estricta tutela de quien gobierna-. 

La preocupación por el parque engloba un colectivo importante en la localidad: familias con niñas y niños en edad escolar -que pueden ser alrededor de 300 familias, nada despreciable en un pueblo de 3500 habitantes-. Pero el ideario liberal ha calado tan hondo en quienes dirigen el pueblo, que apenas existen opciones de ocio para los más jóvenes sin estar mediadas por el dinero. Así que, adolescentes, niñas y niños, vagabundean de la tienda de chuches -aprendiendo los rudimentos del capital- al parque del cemen y, cuando hace malo, se refugian con sus móviles en solares, soportales ... fuera de la mirada de cualquier tutela posible.

Como señala Winner, los dirigentes cambian, pero los artefactos continúan haciendo política: ordenando la sociedad, distribuyendo y coartando oportunidades, normalizando...

lunes, 23 de febrero de 2026

Feria, cine y barraca

El capitalismo como una feria. Llena de atracciones... Más bien como una noria: en la que giramos entre mareados y eclipsados por las luces, la música y la experiencia evasiva. Una noria donde el eje se ha quebrado y andamos a la deriba, al borde del abismo...

Los demonios de barro me identifica, me apela... Yo podría perfectamente ser la chica obsesionada con el trabajo -pero nunca llegué a perder tanto el vínculo con el pueblo-. El abuelo estaba obsesionado con el agua y comprar tierras; la nieta, con ser la mejor profesional en su sector. Obsesiones que tratan de llenar un vacío que nada tiene que ver con lo laboral o la acumulación de capital -más bien con estar donde y con quien queremos estar-. 
El piso de la chica está lleno de automatismos y tecnología. Un piso pequeño, de ambiente controlado, listo para relajarse después de una dura jornada. Pero cuando llega a la casa del pueblo, todo es manual, la naturaleza trata de colarse por cada pequeño rincón y hay un montón de tareas que exigen atención. Ese trabajo de casa tiene algo de reparador y también de obsesivo,  pero no de acumulador, pareciera una reacción ante la erosión y un adaptarse a los ritmos del entorno. 

Yo también tengo algunas manías. Me gusta fregar los platos a mano con agua fría. Es mi particular homenaje a Diógenes: fregar a mano es mi "comer lentejas"; lo que me salva de adorar al rey -contratar más potencia de luz-. 
Cada nuevo pequeño cambio en el hogar es con electricidad. Y existen alternativas, aunque no sean tan molonas como una air-fryer... La sartén es un rudimento poco atractivo en los mercados de las luces, los pitidos y la inteligencia artificial.

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Ayer me fui con mi suegro y sus colegas a "la barraca". Una chabola en el campo, donde tienen un pequeño huerto, gallinas, perros... Todo hecho a mano con lo que han ido recogiendo por ahí, comprando y aportando cada uno. 

Pasamos frente al Mataró Parc. Y, mientras Manolo iba contando la retahíla de males que lo aquejaban, el centro comercial se aparecía como en otra dimensión, un lugar totalmente al margen de nuestra realidad, algo irrelevante que trataba de llamar mucho la atención en el paisaje de pinares, invernaderos, edificios, autopistas...

Por fin brillaba el sol y me resultaba muy extraño y relajante estar hablando allí sobre las lluvias, los pueblos, la política, las enfermedades de los mayores, el ruso que había comprado los terrenos e iba a tirar la barraca... mientras preparábamos la panceta y la butifarra a la brasa y echábamos un trago al porrón de vino.

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En El regreso de las golondrinas hay un contraste muy fuerte entre el mundo rural de los protagonistas -anclado en técnicas y formas de vida ancestrales- y la vida nueva, brillante y acelerada que se abre paso en las ciudades: acumulando capital, comprando y vendiendo bienes de consumo. 
Los protagonistas trabajan duro para hacerse un hogar en el mundo. Resulta hipnótico, el sucederse de las tareas agrícolas, la mula tirando del carro, la tarea titánica de construir una casa fabricando su propio adobe... Lo extraño son los coches pasando a toda velocidad, el bmw, el chico de ropa nueva que regatea los salarios, el piso en la ciudad... 
En el pueblo me siento a veces como el protagonista, porque conviven los 2 mundos: el moderno y creciente capitalismo de consumo y los resquicios de autosubsistencia ligados al campo. Quizá no importa mucho que ahora tengamos que cuidar de motosierras, tractores y desbrozadoras, en lugar de mulas.... O quizá sí importa... Quizá nos hemos vuelto como nuestros medios: más máquinas, más ruidosos, más acelerados, más consumistas, menos sensibles al dolor ajeno.

domingo, 18 de enero de 2026

Los agujeros negros

Ya no me siento inspirado/animado a escribir. No encuentro tiempo, no se dan las circunstancias de solitud. Luego miro las estadísticas del celular y veo ese montón de horas perdidas en los agujeros negros del scroll y los reels infinitos... Todo está mal en internet. Me está generando pésimos hábitos, no consigo estar cerca de una pantalla sin estar checkeando cada 5 minutos: el tiempo, whatssap, face, correo, el chat del curro, compras... Me está dejando el cerebro frito. Necesito un  llados que me diga lo de la fucking panza, que empiece a orar, que madrugue más, que deje el alcohol y mis amigos para que mi futuro se llene de lamborginis y chalets en la playa.

Lo que más me relaja es cuando dejo el móvil aparcado y me pongo con mis tareas campestres: hacer leña, cortar los mamones, podar, pintar... 
Esto del blog, no. Porque tengo que hacerlo delante de una pantalla. Y ya he dicho que la pantalla está llena de agujeros negros. Me da pereza hasta consultar lo que yo he escrito -y la mayoría son notas personales, para mi yo del futuro, para mi yo perdido en algún agujero negro-. Tanto me he acostumbrado al contenido fácil, sexy y rápido que me lanzan a bocajarro, que me da pereza hasta leer lo que otros escriben -solo lo leo si es corto, directo, fácil y sexy-. Corren malos tiempos para Azorín.

"Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruyeNuestros cuerpos caen rendidos como una maldiciónEl pasado ha pasado y por él nada que hacerEl presente es un fracaso y el futuro no se veLa mentira es la que manda, la que causa sensaciónLa verdad es aburrida, puta frustración" - Cerebros destruidos

 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

De Cristos, ropa nueva y pornografía

Los ricos y las personas influyentes son católicos ¿Cómo consiguen organizarse para imponer símbolos, ritos, construcciones? 
Porque hay que estar muy bien organizados, o mantener una ideología muy cohesionada, para levantar esa estructura de iglesias y simbología que se distribuye por las zonas más relevantes de ciudades y pueblos en todo occidente -y gran parte del sur global-.

Me llaman mucho la atención las interpretaciones positivas que desde el marxismo, se hacen de la biblia y de la figura de Jesús. Como por ejemplo las de Kolakowski o Bloch
Parece imposible hacer una interpretación así desde el fascismo, el capitalismo o el liberalismo (progresista o conservador). Desde esas derechas sólo concebimos defender y ahondar el privilegio, elitismo y opulencia de la Iglesia.
Es curioso -más bien obsceno- como desde la base de textos y parábolas que hablan de la liberación, el reparto, lo comunitario, el amor, la igualdad, fraternidad... se acabe levantando un constructo piramidal de poder.   

Santuario de Lourdes, Francia. Agosto 2025

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Nos sentamos en un banco de madera de una capital de provincia. Era otoño, pero hacía frío. Estábamos en una calle peatonal y comercial. Ya era de noche. La gente paseaba ociosa. Todos iban muy limpitos, con ropas brillantes y nuevas. Ropa informal y abrigada. No había punks, hippies, heavies... Ninguna tribu urbana, ni trabajadores, sólo gente bien. De todas las edades, mirando escaparates... 
¿De dónde salía toda esa ropa nueva? Creo que es lo que más llama la atención cuando ves fotos antiguas. No es tanto el cambio de moda o estilismo. Es la ropa usada, ropa que tenía vida más allá de una temporada.

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En las conversaciones de mi entorno: amigos, familia... La gente habla mucho de lotería, bienes inmuebles, inversión... Temas horribles, inmorales y aburridos. Estamos en esa edad en que somos como nuestros padres. Y repetimos los mismos patrones. Nada ha cambiado. 

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En la tele escuchaba que los adolescentes de hoy día son machistas. Que utilizan las nuevas tecnologías para controlar a sus parejas. Además, tienen la sesera frita de ver tanto porno y se dedican a repetir en sus relaciones las performances que ven en xvideos. Esto, quizá, sí ha cambiado, no sólo en el aspecto tecnológico: además es mucho más fácil acceder al porno desde edades más tempranas. Incluso, el porno en sí, tal como se representa en la peli Pleasure, tiene  unos tintes más violentos que el porno de las pelis de los ochenta y noventa.

Resulta paradójica toda esta pornificación. Mientras, en las capas más elevadas -en lo legal, lo político y lo moral- se hace tremendo hincapié en una visión feminista de la sociedad.
La figura de Cristo se aplasta bajo las construcciones de bellas catedrales.
El feminismo y la igualdad tratan de salir a flote sobre mentes empantanadas por la pornografía. 
Quizá podría pensarse que toda pulsión sexual violenta queda atrapada por la fantasía voyeur del porno. Pero, al final, el trabajo pornográfico lo tiene que hacer alguien. Y, si hay peña tratando de performar esas burradas en la vida real, es que algo no anda bien tampoco en el mundo virtual.


miércoles, 30 de julio de 2025

Verano de colores, sonidos y sabores

Una de las cosas que más me gusta de dormir en tienda de campaña es que se oye todo lo que ocurre fuera. Y, claro, puedes fabular y reconstruir escenas. Es como quitarse la gruesa capa de hormigón que nos separa de la naturaleza para que lo haga una fina tela, por la que se cuelan un montón de cosas: el canto de los pájaros, las conversaciones de la gente, el rugido del viento, el fluir de los ríos...

Disfruto mucho este nomadismo en busca del buen tiempo. Huir del calor, buscar la siguiente localización... Donde hay campings siempre hay sitios interesantes que descubrir. Y, si no mola el sitio, te vas a otro. Poder improvisar las vacaciones es quizá lo mejor. Salirse del circuito turístico, olvidarse de la obligación de visitar los lugares emblemáticos.

Hay muchos campistas. Todos tienen su repertorio. Los que viajan en autocarabana, en 4x4, en coches normales, en bici, moto... Requiere cierta experiencia, preparación, herramientas y habilidad. Cosas que no se le suelen exigir al turista -porque al turista hay que ponérselo fácil, para que quede en disposición de gastar-. Tampoco son obstáculos insalvables, cualquiera con un mínimo de interés puede practicar el campismo, y siempre aparecen detalles que pulir.

Llegamos a un camping cerca de los Pirineos franceses. Tenía piscina. Pero hacía fresco. Yo, si veo un mar, un río, un lago... Me tengo que bañar. Aunque esté helando. Pero las piscinas no. Las piscinas me dan pereza. Si no es necesario bañarse ¿Por qué hacerlo? Es algo que me cuesta explicar en el contexto del pueblo. Yo voy a bañarme al pantano porque me gusta: el entorno, estar al aire libre, nadar, saludar a gente... aunque el agua esté un poco sucia o tenga algas, sanguijuelas... Es algo que me apetece. Y, las piscinas, me dan pereza. Si hace mucho calor y no queda más remedio que realizar una actividad lúdica que necesariamente es de agua, porque el calor del pueblo en verano no deja hacer otra cosa, entonces sí, vamos a la piscina.  
Con las vacaciones de camping pasa un poco igual. Existe una cierta tendencia a asociar las vacaciones con el turismo de sol y playa. No hacer nada, que te lo den todo hecho. Quizá podría acostumbrarme a eso, pero ya lo he probado y sé que no es lo que más me apetece. Casi diría que me disgusta y repele esa rutina vacacional.  

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Cada 25 de Julio celebramos el cumple de Sophia, y lo solemos hacer en el parque forestal de Mataró. Es como ir de acampada durante unas horas. Disponer la comida, la bebida, las banderitas... Es un proceso un tanto arduo, pero el resultado merece mucho la pena... No es como el típico cumpleaños infantil del que todo el mundo intenta escaquearse. Solemos decir muchas veces que "No es el lugar, son las personas"... Pero el lugar también importa. Un lugar donde sentirse libre y no encerrado, un lugar en la naturaleza, con sus incomodidades, sus colores, olores...

En Peloche, durante el verano, también solemos hacer otro simulacro de acampada: nos damos un baño en la playa de hormigón y luego nos quedamos en el merendero a cenar. Esto es mucho más fácil de preparar: sólo hay que llevar lo que vas a comer y beber esa noche. Y, otra vez, el entorno es incomparable.

lunes, 5 de mayo de 2025

Control, poder soberano y resistencia

Las formas de ejercer poder sufren oscilaciones y se adaptan a las diferentes épocas y escalas. Hay formas de control que se consideran superadas pero, en mi pueblo, por ejemplo, el poder político sigue utilizando las formas disciplinarias, la censura y el control del pensamiento. Es fácil de observar en las redes sociales: existe cierta libertad y, algunas personas, expresan su opinión públicamente en contra del poder soberano. Pero esas personas pasan a ser identificadas con la oposición y la derecha. Pueden hacer vida en el pueblo, pero quedan excluidas de los favores que se reparten desde lo público: contratos de obras, trabajos temporales, favores urbanísticos... Sirven de casos ejemplarizantes y fijan el modelo de lo que no se debe hacer. 

Ya lo he comentado en otros posts: existe una curiosa inversión de roles entre los que se hacen llamar de izquierdas y de derechas -las izquierdas buscan conservarse en el poder y las derechas se han vuelto revolucionarias-. Aunque cada vez la distinción es menor entre entre unas y otras, incluso en la vestimenta, los gustos o la supuesta ideología. En ambos casos son conservadores en lo moral y liberales en lo económico. Me preguntaba si también fue así con anteriores gobiernos? Y entiendo que sí, porque en Extremadura se pasó del franquismo al gobierno del PSOE, sin anestesia. Así que las disciplinas de partido, el control de la opinión, el liderazgo... son cosas que se heredaron desde el régimen, pero ahora ejercidas por el otro bando: los liberales progresistas.

El partido extiende sus garras por todas las instituciones públicas y trata de mantenerlas bajo control: la sanidad, el colegio, las asociaciones, la mancomunidad... Estableciendo una suerte de mafia donde ir colocando personas afines... Da todo bastante asco, la verdad.

Hace poco tuve un pequeño desencuentro con este sistema de control popular. Porque soy parte de la AMPA y, como asociación, compartimos una petición anónima para que hicieran unas mejoras en un parque infantil. A las pocas horas ya tenía unos mensajes de Whatssap de alguien del Ayuntamiento diciéndome que si habíamos presentado alguna petición en el mismo Ayuntamiento. Yo tampoco soy muy avispado, pero me di cuenta que dentro de la asociación ya había gente a la que le habían llamado la atención desde el mismo sitio -y yo no voy a comprometer a ningún compañero-. Al poco tiempo, desde la dirección del cole -también afín al partido- nos hicieron una jugarreta, silenciando y ocultando una actividad que habíamos financiado como asociación. No me sentó mal -yo no soy la AMPA, solo soy una parte-, pero me dio coraje. Porque toda esta gente del PSOE se las da de progres, juveniles y demócratas pero, cualquier iniciativa que parte de la gente, les molesta. Porque llevamos más de 40 años de "democracia" y están acostumbrados a tener ellos el poder toda la vida y hacer lo que les da la gana sin dialogar ni negociar con nadie, únicamente asumiendo como verdad un extraño ideario e intereses personales, que distan muchos de estar alineados con el bien común.

De aquellos lodos, estos barros -solemos decir-. También que no hubo una tal transición: Nos acostamos en dictadura y nos levantamos demócratas. Pero nuestra democracia representativa es muy limitada. Se limita a elegir quién quieres que te mande, pero ni por asomo se plantea que la población participe del gobierno. Y, si hay algún avance en libertades, es porque el control de masas lo demanda: porque resulta más rentable mantener entretenido y despistado al personal que invertir en mecanismos de control -que además generan malestar-.
Como decía Foucault: donde hay poder hay resistencia. Y la resistencia es una tarea infinita que busca construir, que busca el cambio, frente al poder -que solo desea perpetuarse y crecer-.

domingo, 2 de marzo de 2025

44: la espiral del tiempo

Otra vez he comenzado a leer  "La Voluntad" de Azorín. No sé... me entraron ganas después de haber estado estudiando la historia de las ideas políticas en España durante los últimos siglos. -Voy a releerlo ahora que estoy en contexto, antes de que se me olvide todo -Me dije-. Ha sido un libro que siempre me ha atraído y, al revisitarlo, he recordado porqué. No era por el ritmo trepidante de la acción -todo lo contrario-, ni por las ideas expuestas -aunque pueda tener su emoción situarlas en los diferentes pensadores de todas las épocas-. Es por el ritmo -pausado-, la sonoridad, la forma de escribir, las descripciones detalladas... Te traslada al ambiente de pueblo de la época -como irte a Hontanaya fuera de las fechas de fiesta- y te hace consciente de la cantidad de ruido y aceleración en que vivimos sumidos hoy día.

Lo leí por primera vez en el insti, como representante de la generación del 98, de ese espíritu melancólico que abrazó el país después de perder sus últimas colonias... Todo estaba mal entonces y había que regenerar la política. No podía continuar el sistema corrupto de progresistas y conservadores -pero todos liberales- alternándose en el poder. No ha cambiado mucho la cosa en los últimos 120 años -quizá sólo el control de masas se haya tecnificado y biologizado más; el liberalismo se ha puesto el traje de la ciencia-.
También lo leí por su peculiar forma de escribir y enlazar las frases, ideas, descripciones... Con un sistema de puntuación que siempre me resultó atractivo, que siempre he intentado imitar.

El libro se mantiene vital, fresco y lozano, aunque las páginas amarilleen un poco. Es una edición de 1989... En aquel entonces Internet no era una cosa de masas -la lectura, sí-. Sin embargo, Internet, ha envejecido peor... se descompone, está permanentemente mutando, se expande y contrae, buscando su lugar en el mundo. Los sitios en que nos divertíamos de jóvenes han desaparecido: Messenger, Tuenti, foros... Otros han sido abandonados: Blogger, páginas webs que nadie actualiza... Y muchos van desapareciendo sin más -en cuanto se deja de pagar el dominio-. Es verdad que tampoco hace falta conservar tanto contenido.
Yo soy muy de guardar, lo guardo todo en local, e mis discos duros... también copias de este blog. No me fío de lo efímero de internet, ni de la nube, ni de las grandes compañías derrochando recursos para almacenarlo todo. También guardo trozos de muebles viejos, maderas, hierros... por si alguna vez tengo tiempo y hago algo con ellos. A veces sí los reutilizo: para arreglar un armario, hacer una estantería... Antes de la era del plástico y los circuitos integrados las cosas se podían -y debían- arreglar.
Los textos no los reutilizo. Sólo, en ocasiones, desarrollo algunas ideas que voy anotando en Facebook. Facebook es mi bloc de notas -y fotos-. Supongo que me he adaptado al paradigma del internet 2.0 y sólo consumo lo nuevo... lo viejo tiene que ser reeditado, remozado...
La edición que estoy leyendo de "La Voluntad" está llena de anotaciones, para facilitar la comprensión sin tener que salir constantemente a buscar en el diccionario o la enciclopedia -porque hace un montón de referencias a hechos de la época, que ya solo importan a los historiadores-. En eso se ha quedado viejo: porque, con el móvil y Alexa siempre al alcance, es muy fácil consultar -y la anotación distrae-.

Hace unas semanas, un amigo se encontró con un sitio "antiguo" del pueblo. Y fue ilusionante y gracioso. Era como retroceder unos años atrás. Como descubrir un álbum de fotos olvidado. El sitio web no era tan viejo...
Antiguo o viejo soy yo -que ya le he dado la vuelta al jamón-. Que estoy en una etapa estable de mi vida. Quizá todavía aspiro a más, pero más de lo mismo: más dinero, más tiempo libre... menos trabajo, pero donde estoy. Para leer más con mis hijas -y solo-, escribir más, ver películas, cortar más leña, criar más ovejas, gallinas, cuidar un huerto, cocinar, hacer fiestas con los amigos, yacer con mi mujer, viajar... Quizá cuando era más joven la vida se presentaba llena de posibilidades y caminos por explorar: ser funcionario, intentar ser escritor, medrar en el trabajo -llegar a lo más alto-, comprar una casa en algún sitio... Un tanto estresante tanta posibilidad mientras, además, debes seguir lidiando con la vida.

Estas últimas semanas he vuelto ha escuchar insistentemente Corcobado. Su música ha envejecido bien -o quizá sólo ha envejecido más o menos acompasada conmigo-. Es como echar la vista atrás, a las emociones que me inundaban en el pasado, pero con cierta condescendencia y nostalgia...

¿Por qué estoy tan triste teniéndolo todo?
Vivo sin mañana sangrando palabras
Ya no sé quién soy ni adónde voy

¿Por qué estoy tan triste teniéndolo todo?
Yo no sé por qué he nacido así
Soy una infección de contradicción

Y no tengo alergia a la alegría
Sólo tengo alergia a la hipocresía
Fragmento de "¿Por qué estoy tan triste? de Javier Corcobado

Siempre he pensado que he estado dando tumbos: de un trabajo a otro, de una ciudad a otra... Pero ahora me aparece todo una espiral: una vuelta a las cosas que siempre he amado -enriquecidas con esos garbeos por las periferias-.



domingo, 5 de enero de 2025

El trabajador en potencia y el perfect flow

Llevo más de 2 años trabajando en una empresa de consultoría informática. Estos días también me encontraba leyendo sobre las diferentes corrientes políticas españolas en la modernidad. Y, llegando al socialismo, se me antojó imposible la materialización de las ideas marxistas que se exponían acerca de la emancipación de los trabajadores, la toma de los medios de producción o la dictadura del proletariado. Sería una absoluta marcianada plantear un discurso así en mi ambiente laboral: un ambiente dirigido por el deseo, lo aspiracional, la apariencia, el marketing y donde la producción es algo absolutamente irrelevante -un residuo de lo verdaderamente importante, que es la facturación a cliente-.

La consultoría es un ambiente muy individualista donde, además, no es nada fácil identificar el producto del trabajo -¿Cómo vas a desear apropiarte de algo que no ves o te es totalmente ajeno? Sí, ves el dinero en tu cuenta y podrías querer facturar tú, como individuo, directamente a la segunda empresa, o la tercera... El producto aparece difuminado detrás de la maraña especulativa del tráfico de mano de obra.
En la consultora para la que trabajo se venden equipos -para que los trabajadores sintamos algún tipo de vínculo entre nosotros-. Pero, en el día a día, somos un grupo de trabajadores externos en otra empresa, con condiciones diferentes y sometidos a sus reglas. El trabajo desempeñado se mide en horas facturadas. No importa el rendimiento. 

Quizá sería más preciso llamarlas empresas de trabajo temporal (ETTs) o empresas de recursos humanos pero, en el campo de juego del deseo y el mercado, consultoría suena mucho más atractivo. La especialización es poca: los proyectos son a corto plazo, un año se trabaja para una empresa y al siguiente puede que para otra. Así que nadie es experto en nada, aunque sí se llega a adquirir cierta habilidad y conocimiento en el manejo de herramientas genéricas y formas de trabajar estándar.
Al no existir una vinculación o un conocimiento profundo del producto... el trabajador es una especie de continuo estudiante que picotea de aquí y de allá, sin focalizarse ni responsabilizarse de nada. Lo importante es tener un buen portfolio de herramientas que conoce, con las que podría ser un candidato a trabajador -siempre como trabajador en potencia, nunca en acto-.

El consultor es un Chat GPT, un Gemini, una IA: tiene respuestas para todo. El buen consultor siempre parece saber de todo, es el cuñadismo hecho profesión.
El consultor es un trabajador infantilizado, que solo aspira a insertarse en el mercado como objeto de deseo, como anuncio comercial de infinitas posibilidades. El trabajo mismo le resulta algo misterioso, incompresible, etéreo, temporal... Lo toma como una posibilidad de promocionarse y adularse a sí mismo. La mayoría de mis compañeros parecen más preocupados por hablar de lo que hacen y decirlo ante las personas indicadas que por entregar algo de calidad. Así que se necesitan un montón de herramientas de control: dailies, metodologías ágiles, product owners, scrum masters, project managers, revisiones de código, tests automáticos... Trabajo burocratizado y enajenado.   

Vivimos en sociedades líquidas. Y el consultor es el resultado de los nuevos mecanismos de deseo, acumulación de capital, adaptación continua... Es quizá el trabajador que mejor encaja en los tiempos actuales, el único superviviente a la siguiente crisis que siempre amenaza con venirse encima, el que está al día en las últimas tendencias del mercado... El poseedor del Perfect flow.


martes, 8 de octubre de 2024

Yuste, trabajo, algorimos, bañarse y podcasts

Desde que estoy enganchado al podcast de Las hijas de Felipe (no las de González o el Borbón, sino las de Felipe II), siempre se me aparece un trasfondo homoérotico en las historias de los monasterios: curiosos grupos de hombres o mujeres que se apartan de la sociedad para vivir de forma austera, orando, laborando... 

Mientras nos hablaba de su fundación, irrumpió apresurado un cura joven, alto, rubio, con acento extraño pidiendo paso para llegar a la misa. El guía turístico nos dijo que en los tiempos actuales costaba encontrar monjes y que, debido a eso, los que ahora viven en el monasterio de Yuste, habían venido desde Polonia. - Vaya... una historia bien bizarra... como las de los siglos XVI y XVII -pensé-. 

Resulta que el monasterio en sí es bastante modesto. Lo que lo hizo relevante a los ojos de la historia y el turismo fue que Carlos V lo eligiera como lugar de descanso tras su retiro de la vida pública. Así que, cuando entramos a ver el palacio del recién jubilado emperador, me pareció de justicia poética que un mosquito extremeño acabase con su vida: La Vera no es lugar para emperadores ni monarcas; muerto por pringao -que ya te lo dijo tu hijo Felipe II: que aquella era zona de paludismo-.

Claustro nuevo del monasterio de Yuste - Foto de octubre 2024

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En ocasiones tengo la impresión de que "el algoritmo" no me ayuda, todo lo contrario: trata de enviarme siempre a donde no quiero ir. Es una lucha constante por huir de sus recomendaciones musicales, que son siempre más de lo mismo.
En todo lo que tenga que ver con el ocio y el mercado, el algoritmo se comporta de forma odiosa. Al final lo consigue: consigue que me implique en luchas que no quiero librar, que aborrezca lo que no tenía ganas de escuchar y que vea lo que las grandes compañías tratan de convertir en tendencia. El algoritmo es muy inteligente, sí: sirve de manera apropiada a los intereses de quien lo puso en marcha.

En La linterna de Diógenes comentaban que una de las cosas que permite la tecnología es realizar funciones por nosotros... Pero que, en lugar de nosotros reemplazar esa actividad que ahora realiza la máquina, lo que hacemos es quedados sentados, haciendo scroll down, eligiendo la serie que vamos a ver, el restaurante donde vamos a comer, o la próxima ciudad que vamos a visitar... No hay reemplazo, ni integración de la máquina para desarrollar una nueva habilidad... solo desposesión. Dejamos de hacer algo que podía mejorar ciertas habilidades para dejarnos en un vacío existencial.
Yo lo percibo especialmente con los mapas: el google maps me ha convertido en un completo inútil. Yo antes podía orientarme, recordaba los nombres de los pueblos por los que pasaba... ahora me da pereza. Y, además, me pasa lo que con el algoritmo: ando luchando para que no me mande por sitios por los que no quiero ir.

Las máquinas nos imponen su agenda. Y pareciera que andan forzándonos continuamente para que nos adaptemos a sus formas de funcionar. Las formas de funcionar que técnicos y comerciales estiman más eficientes e intuitivas para que consumamos más y mejor.

En mi trabajo se van incorporando también estos "algoritmos" o "IAs", de forma más o menos explícita: en los IDEs, buscadores... Y parecen funcionar muy bien. Pero claro, cualquier cosa que te facilitan hace que puedas hacer otras muchas cosas, aquí sí que hay un reemplazo, integración de la herramienta, aumento de la eficacia, más producción... Antes había que escribir mucho código y ahora se escribe solo poniendo las etiquetitas del framework. Y se escriben muchos tests, y la gente anda a vueltas para que lo que se escribió hace tiempo funcione con lo nuevo, que es mucho mejor... la tecnología marca su ritmo, todos queremos trabajar con lo último, lo que automatiza todo, lo que hace todo más fácil y más rápido...
Ya nadie escribe código en editores de texto plano... Ya nadie escribe código. Todo es reaprovechable.

"¿Qué cantarán los trabajadores del campo cuando el campo sea una central energética?" ¿Cantaban antes los agricultores y ganaderos? Creo que nunca conocí a trabajadores que cantaran... Bueno... quizá en las películas, en los musicales... Quizá los albañiles cantaban. Desde luego ahora no me imagino a alguien trabajando y cantando... Justo en la era en que a todos nos apasiona nuestro trabajo. Pero es que si se trabaja y se canta... se es menos productivo! Quizá cuando en el trabajo se cantaba el trabajo era menos carga... Y no hacía falta lo del ocio...

¿Cuándo empezó la gente a bañarse? A desear bañarse. Construirse una piscina, viajar a la playa, sumergirse en el mar.
Creo que mis abuelos maternos, cuando ya eran mayores, empezaron a hacer turismo. Iban a "Los baños de Montemayor", que yo siempre imaginé como una suerte balneario y hospital.
Yo sí que iba con mis padres de vacaciones a la playa desde que era un niño. Pero estoy seguro de que ellos no fueron de vacaciones con mis abuelos.
A mi abuelo paterno le gustaba ir a La Celadilla -a unos 30 minutos en coche de Hontanaya-. Se metía en pelotas entre los juncos y se cubría de barros medicinales. Mientras los primos nos bañábamos...
Porque estábamos acostumbrados a bañarnos en cualquier sitio -en Herrera ya había pantano y nos plantábamos allí con las recámaras de las ruedas a modo de flotadores-.
No se concibe una vida plena sin los viajes, la playa, el ocio como oposición al trabajo... bañarse...

domingo, 10 de marzo de 2024

De cumpleaños, conciertos, anuncios y... cosas

Por mi cumpleaños fuimos a ver un concierto de Daniel Higiénico. Era una sala pequeña -un pub-. Hacía un montón de tiempo que no lo escuchaba. Y le empiezas a dar vueltas a lo del tiempo... Time goes by con Loli.

El tipo lleva muchísimos años en el mundo de la música. Pero nunca ha sido famoso. No ha sonado en grandes medios -creo que tampoco ha salido en la tele-. Pero se debe de ganar la vida porque... ahí sigue: dando conciertos en un circuito de salas por todo el Estado español. Y realmente el espectáculo está muy bien, muy pulido. Él lo llama "cancionólogo". Y el nombre le va muy bien: porque sus canciones son pequeños monólogos que va hilando con una conversación agradable y divertida. No necesitas conocer las letras, incluso mejor si es así.

Por curiosidad consultamos su edad... Porque ya vamos siendo grandes -y la edad nos preocupa-. En la sala había gente joven y, aunque no eran mayoría, también se reían. 64 tacos tenía ya -según Wikipedia-. Y, quizá, hasta esa edad, habrá estado escuchando lo de Córtate el pelo y prepárate una oposición. No sé... me pareció un héroe, un superviviente.

Me trajo recuerdos de Barcelona. Canta todo en castellano, pero el humor, los ritmos, las expresiones... Fue muy agradable, divertido y acogedor. Nada que ver con conciertos al uso, atestados de gente.

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Me sabe mal enlazar videos de youtube. Tiene una estrategia muy agresiva para la publicidad. Si yo fuera una empresa nunca pondría un anuncio ahí. Está claro que los utiliza para extorsionar a los usuarios y que paguemos la cuota premium. Necesariamente tiene que generar mala imagen de marca. 

Se me aparece como la decadencia absoluta del capitalismo. Empachados de comprar cosas, la publicidad se ha convertido en arma arrojadiza. Los beneficios no crecen y se recurre a la extorsión, el engaño, los impuestos y la usura para extraer las rentas de las clases más bajas y transferirlas a los multimillonarios del "Valle de la Silicona".

Me encanta "traducir" Silicon Valley de esa forma. Me imagino un montón de frikis pervertidos rodeados de chicas operadas. Como una versión grotesca de "El nacimiento de Venus", sin Boticcelli.

El 1 de marzo Venus García bajó de los cielos pidiendo amnistía

 

Supongo que en época de Boticcelli las cosas tenían importancia y se hacían para durar. Quizá aún no existía esa imperante necesidad de hacer crecer los beneficios. Quizá la ostentación estaba en los bellos cuadros y no en los números del banco. Seguramente la artesanía y la fabricación no estaban separadas. Quizá uno podía recrearse en los objetos, repararlos, heredarlos... Quizá lo de la publicidad como gancho -a ver si pican- era un absoluto absurdo.
Se me aparece que Daniel Higiénico está sumido un tanto en esa lógica de la época de Boticcelli. Que su publicidad es el boca a boca y que tiene ese toque de trovador y trabajo artesano.


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El otro día miraba la pata del jamón... -Debería darle la vuelta. Es lo que se hace cuando pasas los 40. Aunque... -Los 40 son los nuevos 30... Definitivamente: no quería darle la vuelta. Luego me encontré esta foto de la menor de mis hijas. Mostrándome el reloj: -Mira, te hago mayor.
Y esos retratos al fondo... de cuando eran pequeñas -más pequeñas-. El tiempo pasa y se nos va en putas mierdas... Yo solo quería coger la desbrozadora, echar gasolina, ponerme el casco, los auriculares... y segar la hierba. Pero había tantas cosas que hacer... -Prepararé un poco de puré.



viernes, 9 de febrero de 2024

Estampas de invierno

"Por San Blas la cigüeña verás y, si no la vieres, año de nieves". Y "año de nieves, año de bienes"... Y podríamos seguir ensartando refranes, uno detrás de otro -como hiciera Sancho Panza-, hasta darnos cuenta de ya no tienen sentido. No porque no vengan a colación, sino porque el mundo que habitamos ha cambiado. Y estas reglas mnemotécnicas, que sintetizaban estadísticas meteorológicas sedimentadas durante generaciones, ya no aciertan. Las cigüeñas se quedan entre nosotros pasando el invierno -que se ha convertido en un breve impasse entre el otoño y la primavera-; y, en las estaciones de esquí, tienen máquinas que escupen la nieve que ya no llega de forma natural.

Pero lxs danzantes de Garbayuela lo hacen muy bien: su entre chocar de palos sigue asemejando el castañeo del pico de la cigüeña y la alegre musiquilla nos lleva por los senderos llenos de vivos colores de la primavera.
 
Fiesta de San Blas. Garbayuela 2024.

 
Hoy me invitaron de nuevo a ir con lxs niñxs de 5º y 6º a plantar encinas a nuestra Dehesa... Van unos cuantos años ya, pero este había una sorpresa especial: una encina -de alguna campaña anterior- estaba viva! Y menuda fuerza tenía la tía!
Es dura la vida de encina en la Dehesa, sobre todo cuando son tan pequeñas y vulnerables. Esta conservaba su protector. De forma milagrosa había sobrevivido al último incendio -y a dos veranos de calor extremo-. Ahí, sola, aferrándose al terreno, extendiendo sus raíces, sujetando el suelo, sin posibilidad de huir.
Hay vidas que valen mucho, como esta. Y no es por su precio o su utilidad. Es por la esperanza y el abanico de posibilidades que proyectan: una vida joven entre encinas viejas y troncos secos, el renuevo generacional, la continuidad de un paisaje construido con el trabajo de muchas generaciones, el llenarse de una Dehesa vaciada... Pero no un llenarse de cualquier cosa, sino un llenarse de lo suyo, de lo que le da su identidad.
Así que, hoy, la vida en la Dehesa no era dura. Era pura alegría: niñxs correteando por aquí y allá -azada en mano-, la hierba verde, las flores, el agua... Hoy, quizá, cobraba sentido sufrir y padecer los rigores del verano, sólo por poder asistir a ese espectáculo de luces, olores y color -esperanza-.
 
Plantabosques cole. 8 de febrero 2024
 
La verdad que en otoño hubiese sido mejor época. Pero al final estas cosas cuesta organizarlas, hay que hablar con mucha gente: ayuntamiento, cole, asociaciones, viveros... Afortunadamente las personas que han pasado, y quien está ahora al cargo de una cosa llamada "Ciudades saludables" -un puesto de carácter temporal en el ayuntamiento-, se implican mucho en esta actividad y acaba saliendo adelante. Pero es algo que parte prácticamente de la iniciativa personal de quien se encuentra en esa plaza. Yo algún año me encargué de coordinarlo y es bastante follón para alguien que no está vinculado al ayuntamiento. 
Yo siempre que puedo colaboro. Me parece que la Dehesa es una construcción humana que además de bonita y llena de vida es muy útil -en un montón de planos, no sólo el económico- y acercarla a los niños y presentarles los problemas que la amenazan siempre está bien, además lo disfrutan un montón. Y bueno, la idea es que la conozcan, porque una vez que conoces la Dehesa es imposible no amarla por su belleza y complejidad. Quizá consigamos que las próximas generaciones la tratan mejor de lo que lo han hecho las nuestras.

martes, 23 de enero de 2024

Los telecos y el intrusismo laboral

El otro día estaba tomando algo con los compis de trabajo y soltaron la frase: -Es que los telecos son así... Y ese así quería decir un montón de cosas: que tienen aspiraciones muy altas, que se creen por encima de otros ingenieros -informáticos, industriales...-, que merecen cobrar más, o dedicarse sólo a tareas de gestión, a dar charlas... Y, claro, tuve que decirlo: -Oye, chicos, que yo "soy" teleco.

El caso es que sigo a vueltas con la fenomenología -ahora con Heidegger-. Heidegger se pregunta mucho por el ser. Y decir que "soy" teleco, así, sin más, me rechinó bastante y sentí la imperiosa necesidad de reflexionar sobre mi ser y desvelar si realmente yo era eso que llevaba tanto tiempo atribuyéndome. Es cierto: saqué la carrera con mucho esfuerzo, sudor, lágrimas -y alguna alegría-, por ahí tengo un papel que lo acredita. Supongo que, desde una mirada institucional y burocrática, soy eso: ese papel, un ente del tipo teleco.

Y, por haber superado la formidable hazaña de conseguir el título, pertenezco a esa clase de engreídos cuya aspiración debería ser trabajar en la NASA o similar. Pero una cosa son las categorías y conceptos con los que ordenamos nuestro estrecho mundo y otra el Ser, o la verdad de ese título: ¿Nos revela alguna realidad lo que hay apuntado en ese papel?

La cosa es que lo de ser teleco lo asocio a algo bastante pragmático -el mero ser poseedor de un título es algo muy burocrático, muy teórico, muy del mundo de lo inmaterial, de las ideas... un papel que certifica que tienes los conocimientos sobre algo-. Realmente no es así, realmente implica una práctica y una ejercitación que ha sido reconocida y validada por comités de expertos -los profes, los auténticos telecos-. Pero podría tener el título que me curré hace 1000 años y estar cuidando un rebaño de 1000 ovejas, o especulando con la vivienda en mi propia inmobiliaria, o escribiendo artículos sobre tecnología en un periódico... Incluso podría tener por ahí otro título, de yo qué sé: Filosofía! Entonces sería teleco? El burro es de donde nace o de donde pace?

Imaginamos que ser cualquier cosa debe implicar un ejercer y practicar. Así, el teleco tendría no sólo que haber sido sino "estar" ahí, en lo suyo, en el mundo de las telecomunicaciones: diseñando, implementando, comprando, arreglando... En lo que quiera que sea "el mundo de las telecomunicaciones". Que, si lo asociamos con los contenidos teóricos que se imparten en la carrera, viene a ser un área de conocimiento bien amplia. Abarcando gran parte de la matemática, lógica, estadística, física y cualquier área tecnológica con base electrónica, todo ello aderezado con la gestión de proyectos, personas, finanzas y cualquier adventicia demanda de los mercados y/o empresas tecnológicas. Vamos, que el mundo de las telecomunicaciones es tan vasto, que cualquier empleo tecnológico o de formación dentro de la empresa privada o pública nos valdría. Abarca un área tan grande que se disuelve en la nada. Y es lo que de facto ocurre con los telecos: que no tienen un área definida de trabajo y se mueven continuamente en el intrusismo. Yo, sin ir más lejos, siempre me he ganado la vida en el área de la informática. Y supongo que eso es también lo que motiva la frase de "es que los telecos sois así...". Esa idea de que estamos devaluando las profesiones en las que nos insertamos. Pareciera que cualquiera, sin una formación específica, puede ejercerlas. Somos como los inmigrantes: venimos a quedarnos con los trabajos de los que son de aquí y deberíamos largarnos a "lo nuestro".

Así que, igual sí que "soy" teleco: tengo mi título y desenvuelvo mi trabajo en un área que no se ciñe a los contenidos teóricos o prácticos de la carrera. Pasó con muchas otras titulaciones: los licenciados acabamos por ahí currando de cualquier cosa, algunos porque les atraían más otras áreas y otros porque no quedó más remedio -nos movemos en esa clase social en necesitamos ingresos para sostener la vida-. En mi caso, cuando empecé la carrera no es que tuviera una vocación brutal por las telecomunicaciones. Sí, siempre me gustó la tecnología, pero empecé sólo porque era bueno estudiando, me daba la nota y tenía salidas laborales. Y cuando me puse puse a trabajar en el sector de la informática fue porque mis inquietudes me habían acercado ahí, pero sobre todo porque la mayoría de ofertas de trabajo se movían en ese ámbito.

Un compañero de universidad comentó que: -Si hubiera invertido todo ese tiempo en estudiar economía y finanzas, seguramente tendría ahora mucho más dinero. Pero lo cierto es que, cuando nos esforzábamos hasta la casi extenuación en aprobar los exámenes de antenas, microondas, fotónica o electrónica, ya se veía venir la tragedia... -Oye, que lo mismo no vienen las empresas a rifársenos por nuestros maravillosos y bizarros conocimientos. -Que aquí hay mucha peña y tampoco hay tanto trabajo
Ya en los últimos años se hablaba de que -Bueno, lo importante no son tanto los conocimientos adquiridos como las actitudes y aptitudes. -Vuestra formación como ingenieros os permitirá adaptaros a las volátiles demandas de los mercados de trabajo. Vamos, que podíamos utilizar nuestro juego de cintura y nuestro lomo curtido a palos para ir medrando hasta las posiciones más altas... Vamos, que nos habían entrenado para ser intrusos, oportunistas. Y creo que fue un poco decepcionante para todos -seguramente para todos los universitarios de esa generación-, porque la imagen que manejábamos de un ingeniero o licenciado era la de alguien muy importante al que todo el mundo le allanaba el terreno para que realizara sus precisas y sofisticadas intervenciones en las grandes estructuras de los estados o las compañías internacionales. Una imagen del hombre ingeniero de la revolución industrial: adinerado, de familia bien, que había trabajado duro -y lo seguía haciendo- para estar en su posición actual. Una imagen que también se cultivaba desde los ámbitos académicos de la universidad -los profes se daban mucha importancia-. Una fantasía que se desmoronó con la burbuja de las ".com" y que nos tocó asimilar al insertarnos en el mercado laboral durante los primeros 2000. Y, realmente, el trabajo duro nunca nos faltó, ni la competencia feroz, ni la continua formación, las largas jornadas, el móvil y ordenador. Hordas de titulados para construir un mundo peor al servicio del capital y el control estatal.


De todas formas, si me preguntan qué soy -en lo laboral que es la única dimensión en la que a alguien se le pregunta por el ser-, yo nunca respondo que soy teleco. Siempre digo que soy programador informático o algo similar. Pero lo cierto es que programo poco... y ando por ahí tratando de descifrar lo que otros han hecho, para copiar, modificar o intervenir en el lugar adecuado, configurando servidores, haciendo pruebas, planificando, desmarañando información... Cada día me cuesta más decir qué soy. Y me gusta esa idea Heideggeriana del Dasein -el ser ahí, el estar- y la idea Bergsoniana del tiempo como bola de nieve... Soy eso que está ahí, que ha sido traído a un mundo fuertemente codificado, adaptándose a las circunstancias y acumulando experiencias. Porque, eso sí: en mi formación para la vida y como teleco, siempre fui educado en el trabajo constante. Supongo que encontré cierto placer en extraer conocimiento de la experiencia... en transformar ese trabajo duro en un trabajar también para mí, para los míos, para mi mundo imaginado. Y en ese mundo fantaseado se necesita saber de antenas, microondas, fenomenología, motosierras, ovejas, blogs, fotografía, cocina y un montón de mierdas que nada tienen que ver con la rentabilidad. Y creo que eso sí que es parte importante de mi ser -quizá también de todos los que consiguieron su título de teleco-: ese continuo movimiento y abrir líneas de fuga más allá de la estrecha racionalidad técnica y laboral, más allá de las dinámicas económicas, empresariales, la superación personal, o la rentabilización del tiempo.

Quizá esa sobreformación que recibimos para incorporarnos a un mercado laboral que ya demandaba otras cosas nos hizo tomar consciencia prematuramente de lo que ya se venía advirtiendo en teorías marxistas: que el trabajo no lo es todo, que tenemos ciertas curiosidades que necesitan ser satisfechas y que muchas de esas satisfacciones requieren trabajo, un trabajo diferente al alienado -al de por cuenta ajena-. Que nuestro ser va mucho más lejos de lo que pone en el CV.

Lejos de ser una simple actividad económica, el trabajo es la "actividad existencial" del hombre, su "actividad libre, consciente" -de ninguna manera sólo un medio para mantener su vida (Lebensmittel), sino para desarrollar su "naturaleza universal". - H. Marcuse. Marx y el trabajo alienado. Buenos Aires, Carlos Pérez editor, 1969, p.10.

viernes, 8 de diciembre de 2023

Los profesionales y la gala del deporte

El ayuntamiento del pueblo organizó un evento para entregar premios a deportistas locales. Lo llamaron "La gala del deporte". Y era una entrega de premios como las que se ven por la tele: con presentadores, actuaciones, discursos de agradecimiento, aplausos, público... Un lugar donde los profesionales de este tipo de eventos van dando paso a la gente de otro ámbito: políticos, deportistas, artistas...

En este caso había una profesional de las galas: la presentadora. Era una presentadora como las de la tele, con una gestualidad y forma de hablar muy cuidadas, muy dinámicas, con un impecable control de los silencios (o la falta de los mismos). Todo lo que decía era perfectamente esperable, sin notas discordantes, perfectamente insertado en el flujo del acto. Realmente llamaba mucho la atención. Porque para este tipo de eventos estamos acostumbrados a que todas las personas sean del pueblo -no profesionales-. Y, claro, cuando hablaban los deportistas, el alcalde, o cualquier local, el contraste era brutal: -Oh..! Qué monos! Mira cómo hablan en público...

Yo no suelo ver este tipo de galas, tampoco en la tele. Pero conozco el formato. Supongo que se ha ido fraguando durante décadas en diferentes canales y países. Existen unos códigos, unos tiempos, unas formas de hacer, unos objetivos y unas pautas para conseguirlo -conocidos por todo la comunidad que se interesa por ese ámbito específico-. Entiendo que eso es lo que permite que haya profesionales... Que sea algo acotado, definido que se pueda llegar a cualquier pueblo, a cualquier tipo de evento, ensayar el guión y hacer el trabajo. 

Supongo que todos los trabajadores somos profesionales, todos tenemos nuestra profesión: conocemos los códigos, los lenguajes, las herramientas, los procedimientos... Podemos insertarnos en cualquier compañía y seguir moviendo la maquinaria. 

Como un futbolista se puede mover de un club a otro y seguir ganando partidos. Porque el equipo no existe, existe la marca sostenida por los accionistas-. El equipo es sólo un eufemismo, una forma de referirse al medio, a la maquinaria, para competir y ganar.

Quizá, de los equipos locales esperamos o imaginamos otra cosa. Una cosa más amateur, orientada a disfrutar, a formar comunidad, a crear identidad, consolidar nuestro propio lenguaje, valores y relaciones. Pienso que en este tipo de galas organizadas por las instituciones locales también esperamos algo similar: una oportunidad para que los más lanzados y desvergonzados cojan el micro, para que los que quieren superar sus miedos se suban al escenario o, para constatar quién ha sido obligado por otro. Conceder la oportunidad de contar chascarrillos, invocar referentes del pueblo, improvisar, crear liderazgos, meter la pata, dar que hablar... Creo que esa discordancia entre lo local esperado y la presentadora profesional era lo que resultaba tan discordante, también porque uno asiste a ese tipo de eventos por una suerte de compromiso y quiere ver la cara de quienes le han comprometido.

Presentadora creada con Intelegencia Artificial

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En la gala bailaron también las niñas y niños de la escuela de danza. Bailaban bailes "modernos", con músicas actuales. Canciones que conocemos todos porque suenan continuamente en los medios. Y también resultaba un tanto chocante: ese ver a las niñas bailando canciones con contenido más o menos explícito, con esas poses y movimientos tan sexualizados que se llevan hoy día... Algo que uno ya no sabe muy bien si es empoderamiento femenino, una expansión de la pornografía, o una mezcla de las dos anteriores. El caso es que las niñas bailaban ahí, delante de todo el mundo, dando riendo suelta a su expresividad física y se las veías muy cómodas. Quizá porque estaban en grupo, con sus amigas, compañeras, vecinos... Y lo hacían muy bien, especialmente las mayores -porque los movimientos del grupo estaban más coordinados-. Aquí no había nada que ganar, no era una competición, era solo un exhibirse, un expresarse ante los demás... Y pensé: -Jo! Ojalá se premiara más este tipo actividades -que son también físicas- que no tienen tanto que ver con el competir o superarse unas a otros -o a uno mismo-. Que tienen más que ver con el expresarse y el crear vínculo.


jueves, 16 de noviembre de 2023

Don Quijote y la lotería

—Daos por vencido, caballero, y aun por muerto, si no confesáis las condiciones de nuestro desafío

Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo:

—Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no está bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta la lanza, caballero, y quítame la vida, pues me has quitado la honra.

—No haré yo eso, ciertamente —dijo el de la Blanca Luna—: ¡viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso!, que solo me contento con que el gran don Quijote se retire a su pueblo un año, o el tiempo que yo le ordene, como concertamos antes de entrar en esta batalla.

Final del capítulo LXIV de la segunda parte de "Don Quijote de la Mancha" (Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello)

 

Fuente de la Mina - Carrizosa (Ciudad Real) - Noviembre 2023

No soy yo una persona que se entregue a las emociones y, sin embargo, muy a punto estuve de llorar con este pasaje... Y no podía hacerlo, porque el que leía a viva voz era yo. Creo que las niñas no lo notaron. Simulaba un ataque de tos...

Me produjo tremendo bajón ver a don Quijote vencido, desvanecido su sueño de caballería: de vuelta al redil, a la vida normal... Como cuando vemos a alguien luchando por salir adelante con alguna idea que no encaja en los estrechos márgenes del capitalismo de mercado y, finalmente: fracasa, tiene que buscar un trabajo normal -por un salario- o plegarse a las demandas del mercado para poder comprar las mismas cosas que todos necesitamos/deseamos. Ese don Quijote molido, con voz debilitada era la constatación misma de que no hay escapatoria, que las tareas creativas, rompedoras e innovadoras están reservadas a un grupo muy reducido -o una franja de edad muy estrecha-, que somos esclavos de nuestro tiempo y, si queremos salir de ahí, todo son palos, piedras e impedimentos varios.

Hace un par de años decidí que iba a leer el Quijote a las niñas. Un capítulo o un par de páginas cada noche, antes de dormir. Es la vez que más estoy disfrutando la lectura de este libro. Lo había leído antes, en solitario, como leemos hoy día, como Alonso Quijano leía sus novelas de caballería... Supongo que es muy importante lo grupal, lo público: sin esa dimensión todo son locuras imposibles de realizar.

Es difícil no simpatizar con Don Quijote y su proyecto absurdo de caballero andante, en una época que ya está a otras cosas. En una sociedad que ya va apuntando a la actual: obsesionada con lo de administrar y rentabilizar. En Sancho y Quijote todavía se atisba cierta esperanza de encontrar fortuna: salir en expediciones más o menos arriesgadas, esperando que la suerte les sonría para apoderarse de algún tesoro. Algo así como la lotería actual, pero con el añadido y la adrenalina de la aventura.

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En estos meses del año la gente anda buscando lotería incluso con cierta vehemencia... A mí no me gusta jugar, tampoco sabría qué hacer si me tocara -no tengo ilusión por comprarme nada en especial-. Quizá me llama más la atención lo quijotesco: salir a desfacer entuertos, defender menesterosos, perder la hacienda y ganar la fama.

domingo, 29 de octubre de 2023

De vivir en pisos al hogar

Hacía mucho tiempo que no iba por Madrid. Es realmente un lugar que no echo de menos. Hay algunas cosas de allí que me gustan: el Reina Sofía, el Retiro y la gente que conozco. Mi hermana y su novio habían hecho algunas reformas en el piso y queríamos verlas. Yo estuve 10 años viviendo allí, a partir del 99 ¡Cómo pasa el tiempo! Siempre me pareció que las cosas de aquellos pisos de la capital eran muy robustas, que se hacían para durar: los radiadores, las puertas, los muros, el parquet, el gas ciudad... Pero todo pasa, las modas cambian, nos hacemos mayores.

Siempre tuve una sensación de guarida en aquel piso. La ciudad es un continuo bullicio, pero cuando entras allí, te aíslas de todo. Es como si el tiempo se detuviera. Un primero interior, en el que apenas tienes la referencia del sol -sólo durante una hora algún rayo se asoma por el patio más grande-. El contraste entre dentro o fuera es brutal. De hecho, cuando volvemos por Madrid, prefiero estar fuera. He estado en otros pisos, en bloques grandes de la capital y es continuamente esa misma sensación de aislamiento -aunque sean pisos exteriores- y calor -la calefacción siempre está demasiado alta-.
Lo asocio mucho a la resaca. Salir, beber, meterte allí y despertar en una extraña desubicación epacio-temporal.

En Barcelona también viví en pisos, pero todo parecía más precario, más de chichinabo -de ñigui ñogui-. Pero claro, también mi situación era más precaria que cuando estudiaba y todo lo financiaban mis padres. Aunque, más que a la precariedad, lo achacaba a que la climatología es más agradable y las viviendas se proyectan más hacia el exterior. El caso es que, en Barcelona, aún estando dentro de los pisos, me sentía más conectado con el entorno, con la lluvia, el viento, las gaviotas, el murmullo de la calle, la humedad, el frio... Eran pisos exteriores, de bloques pequeños. Me encantaba asomarme a la ventana o el balcón y ver qué ocurría fuera.

En el pueblo también vivo en un piso y la sensación es similar a la de Barcelona. Pero aquí la conexión es principalmente con el campo -no hay bullicio de ciudad ni paso de personas que observar desde el balcón-. Desde la ventana veo el Castillo, la siembra crecer, las hojas de la parra caer, los limones madurar... Y al gato: que parece disfrutar de mi compañía, aunque sea al otro lado del cristal.

Cuando voy a Granada suelo alquilar un airbnb -paga la empresa-. Pisos impersonales con el mínimo mobiliario. No me gusta estar dentro mucho tiempo: dormir, cagar, una ducha y a la oficina o la calle. Granada es una ciudad muy bonita y la gente muy simpática. Son pisos que se alquilan para sacarse un dinero, viviendas temporales, a lo más: pisos de solterx.

Yo no soy una persona muy exigente con las viviendas, al final paso mucho tiempo en las pantallas, en mundos virtuales. Tampoco disfruto excesivamente de los espacios cerrados. Así que entiendo a los cavernícolas cuando pintaban las paredes de sus cuevas con escenas de caza y recolección. Para mí, lo que hace de algo un hogar, es llenarlo de objetos personales y bizarros... y encender un fuego dentro -aunque sólo sea el de la cocina de gas-.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Metodologías ágiles hacia el fin del mundo

Ayer estuvimos viendo ¡Canta! 2 toda la familia... En los últimos años sólo veo cine infantil y principalmente de animación -lo que le gusta a las niñas-. La verdad que la peli está muy bien: es un grupo de trabajo en una sociedad capitalista -con un objetivo claro: sacar adelante un musical-. Se parece bastante a lo que me he ido encontrando en mi vida laboral. En un plazo de un "sprint", el equipo liderado por el Koala, tiene que montar un musical y cada uno de los miembros debe ir completando sus tareas... 

En los últimos años los tiempos se han reducido mucho. Los proyectos se planifican a corto plazo -no más de un mes-, divididos en tareas cortas -uno o dos días-, en grupos de trabajo reducidos -en torno a 5 o 6 personas-. Es más eficiente así, más fácil de controlar y adaptarse a las circunstancias cambiantes que imponen la volatilidad de los mercados. Metodologías ágiles, las llaman.

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Hace dos semanas me caí estúpidamente y me partí el maléolo del peroné -un hueso en el tobillo-. Me inmovilizaron el pie derecho y sólo puedo andar con muletas. La cual circunstancia me resulta muy limitante porque no puedo transportar cosas de un sitio a otro y, en general, no puedo realizar ninguna de las tareas del campo que tanto me entretienen. Así que he tenido que bajar el ritmo: porque, aunque hay ciertas cosas que puedo seguir llevando acabo -ducharme, preparar la cena, lavar los platos...-, me suponen más tiempo y esfuerzo -hay otras muchas que, directamente, no puedo hacer-. Al estar liberado de esas tareas he encontrado tiempo para otras que también me gustan y que había dejado apartadas: enredar con mi ordenador personal -lo tenía hecho unos zorros, con discos llenos, particiones sin usar, configuraciones y programas obsoletos...-, leer, buscar y bajar pelis... Supongo que cuando estamos sanos y todo nos va bien no valoramos tanto el tener todas las capacidades. Y sabemos que llegará el día en que los sistemas empiecen a fallarnos y el mundo de la vida se nos vaya estrechando... hasta desaparecer. Me gustaría afirmar como conclusión positivista esa máxima que occidente parece repetir como un mantra: disfruta el momento! Pero yo he disfrutado de mi lesión, tengo un montón de aficiones que me permiten disfrutar en una variedad grande de circunstancias -y es que mi concepto de disfrutar abarca muchas cosas -no es sólo lo asociado con la juventud (drogas, sexo, viajes, amigxs y alcohol) o el dinero-. Supongo que va con mi carácter de plegarme a las circunstancias en lugar de emplear ingentes esfuerzos en transformarlas -y es que, mis circunstancias no están tan mal-.

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El positivismo mágico nos dice que debemos trabajar duro para conseguir cambiar nuestras sociedades y lograr un mundo mejor. Pero, claro, las cosas cambian muy despacio comparadas con los tiempos de vida de las personas. Y nuestras sociedades permanecen en estática aceleración: queremos resultados en plazos de 3 semanas. 

El capitalismo mediático se empeña en mostrarnos casos de éxito: cantantes ultra jóvenes y mega famosas, los grandes genios de Silicon Valley -millonarios antes de salir de la universidad-, deportistas de altas capacidades conduciendo coches de alta gama a los veinte años... Pero claro, tienen éxito porque van a favor de la corriente, no hay cambio de rumbo, ni mundo mejor, sólo llegar más lejos en la misma dirección -la del crecimiento económico-.

En la mayoría de las ocasiones, el positivismo mágico, no es tan ambicioso y nos dice que, si nos esforzamos y creemos en nosotros mismos, nuestras circunstancias mejorarán. Como parte de esa justificación mentirosa de la desigualdad social. Justificación que vendría a decir que nuestra posición es mayormente fruto de nuestro esfuerzo y no de nuestro lugar o familia de nacimiento.

Al final, uno tiene esa impresión de que todo el sistema capitalista se sustenta sobre mentiras -para avalar la desigualdad- y fantasías de un mundo mejor -que nadie se esfuerza en realizar porque todo el éxito se encuentra en seguir caminando siempre hacia adelante, cada vez más lejos-.

Se encuentran dos ciudadanos rusos. Uno le dice al otro: 
-¿Sabes que todo lo que nos contaba el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) era mentira?. 
Y el amigo, melancólico, le contesta: 
-Lo peor no es eso. Lo peor es que lo que nos decía del capitalismo es verdad”.

Cita extraída de La Linterna de Diógenes

lunes, 19 de junio de 2023

La excursión con la AMPA

Todos los años, desde la AMPA del cole, se organiza una excursión de fin de curso. Este año hemos ido a Aquasierra -un parque acuático en un pueblo de Córdoba-. La verdad, nunca me hubiese planteado ir a ese tipo de sitios: parques de atracciones, aquaparks y similares... Me da tremenda pereza. De hecho, siempre que puedo, me escaqueo. Pero, en este caso, como formo parte de la directiva de la asociación y estoy implicado en el proceso de organización... me parecía muy feo no ir. Y, bueno, están las niñas, que les encantan esos sitios: se lo pasan pipa, además tienen el aliciente de ir en autobús con otros niños, con las familias... realmente lo disfrutan, y mucho. Lo peor de todo es que yo, y el resto de adultos... también lo disfrutamos! Y, cómo no hacerlo? Si te montas en un autobús todo lleno de niños, superilusionados, sabiendo que lo único que tienes que hacer es pasar el día ocioso -al final acabé tirándome de todos los toboganes-. Además, tiene otras cosas buenas, como por ejemplo que, aunque cada uno va a su bola, te vas encontrando por el parque a los otros niños, padres y madres que han ido en el bus; intercambias comentarios e impresiones y te sientes más seguro sabiendo que el entorno está lleno de personas conocidas -también más apoyado porque, al final, se reparten los cuidados y no estás tan tenso como cuando vas a esos sitio solo con las niñas-.

Así que, me siento muy contento de haber roto mis reticencias iniciales y haber, no sólo asistido al evento, sino formar parte activa de la organización. Porque cuesta organizar estos eventos. Este año, personalmente, me ha costado más. El pasar a horario completo, el cambio de empresa, los trabajos del campo, las tareas del hogar... Lo que más cuesta es desconectar la cabeza de todo eso para centrarse en la atención que requiere la AMPA -aunque no sea mucha-. Al final, es una asociación de personas: hay que debatir, expresar opiniones, escuchar, planificar, reunirse, rellenar papeles, enviar correos... reflexionar sobre lo que se hace -no podemos hacerlo todo, así que tampoco es necesario hacer lo que no queremos-. Muchas veces, resulta complicado dejar en suspenso los ritmos frenéticos que marcan el calendario escolar, los grupos de Whatssap y la agenda del ayuntamiento -porque las instituciones demandan atención, participación y cierto control del tejido asociativo-. Es verdad que somos pocos en la directiva pero, como los ritmos los marcamos nosotros, y hay muy buen ambiente, las cosas van saliendo... Cuando estamos más gente y podemos dedicar más tiempo, salen más cosas y, cuando no hay tiempo ni gente, salen menos. Al final, es fácil implicarse, porque se hace por las niñas y los niños.



En el pueblo hay bastantes asociaciones, tienen sus eventos, programan sus actividades y reúnen a gente de lo más variopinta. Me parece que son una buena herramienta, una herramienta de organización, de organización política: Política de la buena, de la requiere participación y no sólo representación. Una herramienta de colaboración, planificación y materialización de ciertos anhelos y deseos -aunque puedan parecer tan tontos como ir de excursión a un aquapark, comprar un tobogán para el patio del cole u opinar en cómo te gustaría que fuese el parque de tu pueblo-. La política no es sólo organizar los medios de producción, o repartir las subvenciones que vienen de la junta. 



miércoles, 25 de enero de 2023

Habitar el mundo

Para Heidegger y otros fenomenólogos vivimos en unas sociedades decadentes. Una decadencia que empezó en la ilustración con el cientificismo y el papel predominante otorgado a las ciencias de la naturaleza y la carrera tecnológica. Habríamos puesto el foco en el conocimiento de los objetos concretos: el universo, las ondas, los animales, las plantas, el cuerpo humano... Y habríamos perdido la capacidad de asombrarnos ante la existencia en sí, la capacidad de maravillarnos ante un atardecer, la lluvia, una flor que estalla... Estaríamos absolutamente entregados a la utilidad, la transformación y dominación de la humanidad y de nuestro medio. Absolutamente absortos en las posibilidades que nos brinda ese conocimiento de las cosas.

Heidegger las palmó hace ya casi 50 años... Pero creo que nadie se diría que hemos mejorado, o hemos cambiado, esa actitud que denuncia la fenomenología. Al contrario: hemos ahondado la herida. Los adjetivos que utilizamos para referirnos a nuestro mundo vivido actual así lo apuntan: turbo-capitalismo, estrés, eco-ansiedad, adicción, emprendimiento, aplicaciones móviles, hiperconectividad, privacidad, empleabilidad, turistificación, trabajo, acumulación, formación continua... Vamos a tope, estamos dopados, nos va a dar el infarto.

Y es verdad: esa importancia y primacía que le damos a las cosas, ese análisis desde la física y la utilidad, hace que, al final, todo acto y objeto no sean más que meros medios para conseguir otros fines. Unos fines indefinidos que se van posicionando como "trending topics" con el devenir de la sociedad: el dinero, la casa, el trabajo, las experiencias, la cultura, el entretenimiento, la formación, lo ecológico... Dedicamos tremendos esfuerzos para alcanzar esos fines, pero todos sabemos que son fines vacíos, que no llevan a ningún sitio, que nos causan malestar.

Quizá yo no lo cuente muy bien, ni lo haga muy ameno, pero este señor (Jesús Sáez Rueda) hace un análisis muy claro, entretenido y con muchos ejemplos de este concepto de Heiddeger de ser-en-el-mundo (dentro vídeo). 

Ya se sabe que los extremeños somos como los andaluces... pero sin gracia. Y, la verdad: no tiene mucha gracia esta contemporaneidad nuestra que nos lleva por lugares impersonales, nos sume en tareas ajenas -trabajos de mierda-, continuamente entretenidos, posando... sin apercibirnos del tiempo o del mundo que habitamos... empujándonos hacia la nada.

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En uno de los ejemplos que da Jesús Sáez Rueda, habla de talar árboles. Una actividad común, que no es incompatible con una actitud de habitar-el-mundo: no los cortas todos, seleccionas los secos, caídos, enfermos... quieres seguir vivo y cuidar los lugares que habitas, porque formas parte de ese mundo y, de alguna manera, el mundo habita en ti. 

El caso es que llevo un par de findes dedicado a la leña -hace frío-. Y es en momentos como esos cuando tengo cierta sensación de habitar el mundo: con la motosierra, afilando la cadena, aspirando gasolina y aceite, envuelto en el ruido del motor, cortando la madera, recorriendo el campo, buscando lo que ya está seco, caído, admirando lo que está verde, fuerte, grande... Pero es una actitud pasajera, la mayor parte del tiempo vivo en la actitud del mundo contemporáneo: calculando, almacenando, corriendo, trabajando, aprendiendo, planeando... buscando explicaciones científicas que no me explican nada, en una actitud en la que el mundo es un afuera de mí -y yo soy yo, y mi circunstancia es otra cosa-.




sábado, 31 de diciembre de 2022

Sobre la vida en la ciudad y el ocio rural

El otro día me preguntaron si no tenía pensado mudarme a una ciudad... Yo siempre respondo lo mismo: -De momento no, mientras las niñas sean pequeñas y puedan ir al cole aquí... Es verdad que hay más cosas que me atan al pueblo: la familia, amigxs, la tierra... Pero los pueblos están llenos de incomodidades: siempre dependes del transporte privado -y hay que ser conscientes de que llegará un momento en que no estemos aptos para conducir-, todo -excepto la vivienda- es más caro, acabas teniendo un montón de enredos asociados a disfrutar de casas y parcelas más grandes, los servicios públicos son deficitarios, la oferta cultural y formativa escasa... Sí, también tienen sus cosas buenas: tranquilidad, no hay aglomeraciones ni atascos, hay pocos sitios donde gastar -así que, al final, gastas menos-, el aire limpio, los sonidos y olores del campo... 

En estas fechas, mucha gente viene de vacaciones. Está muy bien venir al pueblo y estar absolutamente ocioso. Yo ya no recuerdo esa sensación, siempre aprovecho para hacer todas las cosas que no me da tiempo en la semana laboral: arreglar lo que se va rompiendo, podar, hacer leña, pintar... Así que, me genera cierta envidia y morriña aquellos tiempos en que yo era un forastero en mi pueblo: venir a un lugar bonito, reunirme con lxs amigxs y familia, estar ociosos, salir a tomar, a pasear, leer... desconectar. Es verdad que cualquier lugar es bueno para estar de vacaciones. Tal vez la oferta gastronómica o de ocio de los pueblos no sea muy grande pero, como todos los visitantes vienen en la misma época, es difícil aburrirse.

Para el día a día, las ciudades son más apetecibles: los escaparates, las tiendas, los centros comerciales, la oferta cultural y de ocio, los espacios comunes, los parques, servicios públicos, bares, discotecas, restaurantes, el trasiego de personas... La vida en la ciudad está sostenida sobre el deseo: de cuerpos, de consumo... No como los pueblos, que tienen más que ver con el ascetismo, la sobriedad, el trabajo, la contemplación... 

Sí, los pueblos están condenados a desaparecer, en el mejor de los casos condenados al ocio vacacional. Pero yo seguiré aquí, porque las ciudades me dan alergia, me hacen estornudar y me salen sarpullidos. 

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Ayer fuimos a ver a las niñas cantar con la escolanía -una especie de coro de iglesia formado por adultos y niñxs del pueblo-. Aprovecharon que el auditorio se había llenado con los que íbamos a ver a los familiares, para meter la actuación de una niña que canta flamenquito y rumba -Clohe DelaRosa-. Estaba muy bien pero, claro, la mayoría de la gente no había ido a ver eso. Además, el sonido era horrible, no había manera de ajustar y acompasar el volumen de los instrumentos y la voz. Yo estaba un poco angustiado por la niña, porque era muy animada y los temas que cantaba molaban un montón, el padre -que la acompañaba a la guitarra- se veía un músico con muchas tablas, Clohe tenía una expresividad y gestualidad muy modernos, descarados... parecía una mujer. Y nosotros sentados en aquel auditorio... demasiado serio para aquel espectáculo. En mitad de la actuación Clohe no pudo más y se echó a llorar, dejó de lado la actuación y volvió a ser una niña. Nadie quiere ver sufrir a una niña -los espectadores que estábamos allí tampoco-- El padre la conocía bien, después de unas reflexiones y cantes a capela, la volvió a sacar arriba y volvió a ser Clohe, la cantista -cantante y artista-. El público hicimos lo que pudimos con nuestros aplausos y risas. Siempre me ha llamado la atención la asertividad de estos músicos populares: cómo apoyan a sus compañeros y los hacen sentir que pueden con todo, especialmente en situaciones en las que el común de los mortales tendemos a reñir y hundir al otro. Contrasta mucho con lo que solemos ver en músicos de conservatorio o en educación formal -un ambiente mucho más competitivo y estricto-. 

Se hacen muchos esfuerzos para traer cultura a las zonas rurales, pero ocurren a menudo estas cosas: que los artistas, lejos de encontrarse un público entregado e interesado en el espectáculo, se topan con un muro de indiferencia o incomprensión que es muy difícil de derribar en un espacio tan breve de tiempo.