¡Dale más fuerte Sophia! Jajaja! ¡Más alto! Jajaja! No pasa nada! Porque si nos matamos estamos al lado del cementerio! Jajajaja... - Eso decía Laia mientras se columpiaban en el parque infantil aledaño al campo santo. Y se me antojó verdad aquello de que en los pueblos se vive la muerte con más cercanía: Entierros, velatorios... La conversación misma sobre quién se ha muerto hoy, o los accidentes varios que ocurren a vecinos y vecinas están siempre presentes.
Se ha criticado hasta la saciedad la ubicación del parque infantil, pero tiene mucho de poético, de sol de justicia y de reconciliación con nuestros antepasados. Aunque los autores/responsables nunca esgrimieron esos argumentos. Pareciera más una decisión meramente técnica, económica u oportunista: -Nos dieron unos dineros para gastarnos en esto. Así que talamos los árboles, levantamos el paseo anterior y, aprovechando las demandas de las familias, hicimos un parque infantil.
Pero Langdon Winner nos dice que los artefactos son políticos. La ubicación y disposición del parque se enmarca en la estructura y el ideario de quienes gobiernan y dirigen nuestra sociedad. Un ideario donde el parque, como el cementerio, deben estar en las afueras, donde no interrumpan y entorpezcan el consumo. Un lugar agreste e incómodo de no reunión para las familias -no sea que compartan opiniones y se organicen espontáneamente-. Un lugar para mantener la infancia lejos de las cosas importantes. Un parque segmentado por edades -como la organización de nuestra educación para la inserción en sociedad-, parcelado -como la política del pueblo: delimitada al ayuntamiento, bajo la estricta tutela de quien gobierna-.
La preocupación por el parque engloba un colectivo importante en la localidad: familias con niñas y niños en edad escolar -que pueden ser alrededor de 300 familias, nada despreciable en un pueblo de 3500 habitantes-. Pero el ideario liberal ha calado tan hondo en quienes dirigen el pueblo, que apenas existen opciones de ocio para los más jóvenes sin estar mediadas por el dinero. Así que, adolescentes, niñas y niños, vagabundean de la tienda de chuches -aprendiendo los rudimentos del capital- al parque del cemen y, cuando hace malo, se refugian con sus móviles en solares, soportales ... fuera de la mirada de cualquier tutela posible.
Como señala Winner, los dirigentes cambian, pero los artefactos continúan haciendo política: ordenando la sociedad, distribuyendo y coartando oportunidades, normalizando...

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