domingo, 18 de enero de 2026

Los agujeros negros

Ya no me siento inspirado/animado a escribir. No encuentro tiempo, no se dan las circunstancias de solitud. Luego miro las estadísticas del celular y veo ese montón de horas perdidas en los agujeros negros del scroll y los reels infinitos... Todo está mal en internet. Me está generando pésimos hábitos, no consigo estar cerca de una pantalla sin estar checkeando cada 5 minutos: el tiempo, whatssap, face, correo, el chat del curro, compras... Me está dejando el cerebro frito. Necesito un  llados que me diga lo de la fucking panza, que empiece a orar, que madrugue más, que deje el alcohol y mis amigos para que mi futuro se llene de lamborginis y chalets en la playa.

Lo que más me relaja es cuando dejo el móvil aparcado y me pongo con mis tareas campestres: hacer leña, cortar los mamones, podar, pintar... 
Esto del blog, no. Porque tengo que hacerlo delante de una pantalla. Y ya he dicho que la pantalla está llena de agujeros negros. Me da pereza hasta consultar lo que yo he escrito -y la mayoría son notas personales, para mi yo del futuro, para mi yo perdido en algún agujero negro-. Tanto me he acostumbrado al contenido fácil, sexy y rápido que me lanzan a bocajarro, que me da pereza hasta leer lo que otros escriben -solo lo leo si es corto, directo, fácil y sexy-. Corren malos tiempos para Azorín.

"Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruyeNuestros cuerpos caen rendidos como una maldiciónEl pasado ha pasado y por él nada que hacerEl presente es un fracaso y el futuro no se veLa mentira es la que manda, la que causa sensaciónLa verdad es aburrida, puta frustración" - Cerebros destruidos

 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

De Cristos, ropa nueva y pornografía

Los ricos y las personas influyentes son católicos ¿Cómo consiguen organizarse para imponer símbolos, ritos, construcciones? 
Porque hay que estar muy bien organizados, o mantener una ideología muy cohesionada, para levantar esa estructura de iglesias y simbología que se distribuye por las zonas más relevantes de ciudades y pueblos en todo occidente -y gran parte del sur global-.

Me llaman mucho la atención las interpretaciones positivas que desde el marxismo, se hacen de la biblia y de la figura de Jesús. Como por ejemplo las de Kolakowski o Bloch
Parece imposible hacer una interpretación así desde el fascismo, el capitalismo o el liberalismo (progresista o conservador). Desde esas derechas sólo concebimos defender y ahondar el privilegio, elitismo y opulencia de la Iglesia.
Es curioso -más bien obsceno- como desde la base de textos y parábolas que hablan de la liberación, el reparto, lo comunitario, el amor, la igualdad, fraternidad... se acabe levantando un constructo piramidal de poder.   

Santuario de Lourdes, Francia. Agosto 2025

******************** 

Nos sentamos en un banco de madera de una capital de provincia. Era otoño, pero hacía frío. Estábamos en una calle peatonal y comercial. Ya era de noche. La gente paseaba ociosa. Todos iban muy limpitos, con ropas brillantes y nuevas. Ropa informal y abrigada. No había punks, hippies, heavies... Ninguna tribu urbana, ni trabajadores, sólo gente bien. De todas las edades, mirando escaparates... 
¿De dónde salía toda esa ropa nueva? Creo que es lo que más llama la atención cuando ves fotos antiguas. No es tanto el cambio de moda o estilismo. Es la ropa usada, ropa que tenía vida más allá de una temporada.

 ******************** 

En las conversaciones de mi entorno: amigos, familia... La gente habla mucho de lotería, bienes inmuebles, inversión... Temas horribles, inmorales y aburridos. Estamos en esa edad en que somos como nuestros padres. Y repetimos los mismos patrones. Nada ha cambiado. 

******************** 

En la tele escuchaba que los adolescentes de hoy día son machistas. Que utilizan las nuevas tecnologías para controlar a sus parejas. Además, tienen la sesera frita de ver tanto porno y se dedican a repetir en sus relaciones las performances que ven en xvideos. Esto, quizá, sí ha cambiado, no sólo en el aspecto tecnológico: además es mucho más fácil acceder al porno desde edades más tempranas. Incluso, el porno en sí, tal como se representa en la peli Pleasure, tiene  unos tintes más violentos que el porno de las pelis de los ochenta y noventa.

Resulta paradójica toda esta pornificación. Mientras, en las capas más elevadas -en lo legal, lo político y lo moral- se hace tremendo hincapié en una visión feminista de la sociedad.
La figura de Cristo se aplasta bajo las construcciones de bellas catedrales.
El feminismo y la igualdad tratan de salir a flote sobre mentes empantanadas por la pornografía. 
Quizá podría pensarse que toda pulsión sexual violenta queda atrapada por la fantasía voyeur del porno. Pero, al final, el trabajo pornográfico lo tiene que hacer alguien. Y, si hay peña tratando de performar esas burradas en la vida real, es que algo no anda bien tampoco en el mundo virtual.


miércoles, 30 de julio de 2025

Verano de colores, sonidos y sabores

Una de las cosas que más me gusta de dormir en tienda de campaña es que se oye todo lo que ocurre fuera. Y, claro, puedes fabular y reconstruir escenas. Es como quitarse la gruesa capa de hormigón que nos separa de la naturaleza para que lo haga una fina tela, por la que se cuelan un montón de cosas: el canto de los pájaros, las conversaciones de la gente, el rugido del viento, el fluir de los ríos...

Disfruto mucho este nomadismo en busca del buen tiempo. Huir del calor, buscar la siguiente localización... Donde hay campings siempre hay sitios interesantes que descubrir. Y, si no mola el sitio, te vas a otro. Poder improvisar las vacaciones es quizá lo mejor. Salirse del circuito turístico, olvidarse de la obligación de visitar los lugares emblemáticos.

Hay muchos campistas. Todos tienen su repertorio. Los que viajan en autocarabana, en 4x4, en coches normales, en bici, moto... Requiere cierta experiencia, preparación, herramientas y habilidad. Cosas que no se le suelen exigir al turista -porque al turista hay que ponérselo fácil, para que quede en disposición de gastar-. Tampoco son obstáculos insalvables, cualquiera con un mínimo de interés puede practicar el campismo, y siempre aparecen detalles que pulir.

Llegamos a un camping cerca de los Pirineos franceses. Tenía piscina. Pero hacía fresco. Yo, si veo un mar, un río, un lago... Me tengo que bañar. Aunque esté helando. Pero las piscinas no. Las piscinas me dan pereza. Si no es necesario bañarse ¿Por qué hacerlo? Es algo que me cuesta explicar en el contexto del pueblo. Yo voy a bañarme al pantano porque me gusta: el entorno, estar al aire libre, nadar, saludar a gente... aunque el agua esté un poco sucia o tenga algas, sanguijuelas... Es algo que me apetece. Y, las piscinas, me dan pereza. Si hace mucho calor y no queda más remedio que realizar una actividad lúdica que necesariamente es de agua, porque el calor del pueblo en verano no deja hacer otra cosa, entonces sí, vamos a la piscina.  
Con las vacaciones de camping pasa un poco igual. Existe una cierta tendencia a asociar las vacaciones con el turismo de sol y playa. No hacer nada, que te lo den todo hecho. Quizá podría acostumbrarme a eso, pero ya lo he probado y sé que no es lo que más me apetece. Casi diría que me disgusta y repele esa rutina vacacional.  

******************** 

Cada 25 de Julio celebramos el cumple de Sophia, y lo solemos hacer en el parque forestal de Mataró. Es como ir de acampada durante unas horas. Disponer la comida, la bebida, las banderitas... Es un proceso un tanto arduo, pero el resultado merece mucho la pena... No es como el típico cumpleaños infantil del que todo el mundo intenta escaquearse. Solemos decir muchas veces que "No es el lugar, son las personas"... Pero el lugar también importa. Un lugar donde sentirse libre y no encerrado, un lugar en la naturaleza, con sus incomodidades, sus colores, olores...

En Peloche, durante el verano, también solemos hacer otro simulacro de acampada: nos damos un baño en la playa de hormigón y luego nos quedamos en el merendero a cenar. Esto es mucho más fácil de preparar: sólo hay que llevar lo que vas a comer y beber esa noche. Y, otra vez, el entorno es incomparable.

martes, 8 de julio de 2025

Sanguijuelas del Guadiana

Hace cosa de unos años que se viene oyendo hablar de este grupo por la zona. Pero están dando el salto a la escena nacional. Y me he animado a escuchar el disco completo.
Me daba un poco de pereza porque, por el nombre y las descripciones que se daban, pintaba como el típico grupo del Viña Rock. Que está bien, que yo sigo escuchando ese tipo de música..., pero es verdad que me parece un género ya un tanto agotado. Tengo mis bandas y canciones de referencia de juventud -Extremoduro, Envidia Kotxina, Sínkope, Reincidentes...- y algunos grupos más recientes -La raíz, Sons of Aguirre, Lendakaris muertos...-, pero ya no es mi caladero para descubrir nuevas músicas. 

Así que, al escuchar el disco de los Sanguijuelas, me sorprendió. Es un disco de estudio bien producido, se aprecia gente experimentada alrededor del proyecto, con colaboraciones interesantes -como la de Celia Romero-.
Claro, yo esperaba algo mucho más cutre, más crudo. Después de todo, son unos chavales muy jóvenes.  Y es que la publicidad que se daban también iba en esa dirección de lo local, lo autoproducido... Se decían con influencias de Extremoduro, Los Chichos... Incluso el nombre es bien ácido, especialmente ahora que se está intentando publicitar las playas de agua dulce de nuestros pantanos. Unas playas llenas de sanguijuelas -que nunca salen en la foto-. Pero la música que hacen, no va por esos derroteros, es una música melancólica, calmada, reflexiva, contenida... La sensación que me transmitió el disco fue la del Extremeño triste, resignado: a tener que salir de su pueblo o quedarse y confundirse con la tierra. 

Y pienso en los grupos que tenían éxito en los 90s. Que sacaban discos que sonaban horrible, pero que la gente compraba porque eran pura dinamita contra el sistema, o estaban llenos de energía cósmica -Amaral, Los Planetas,..-. 
Extremoduro casi no tocaba en Extremadura, era odiado por las autoridades. 
Las Sanguijuelas, sin embargo, se lanzan apoyados por la Junta y otros organismos regionales... Y claro, el grupo no tiene garra. Tiene chispa, es simpático, cuenta historias que los que vivimos en los pueblos conocemos muy bien. Cuentan la historia del final de una época, del final de la ruralidad. La ruralidad contemporánea, vivida desde la infancia hasta que hay que salir a estudiar o currar. Un Mundo cerrado del que no es posible escapar, ni imaginar una alternativa, ni reventar a puñetazos... un Mundo donde sólo existe huida hacia adelante.

Sanguijuela prendida en la suela de los escarpines. Playa de Peloche. Agosto de 2020.

Las sanguijuelas son esos bichos que viven en el pantano, 
donde hay arenilla o cieno. 
Están siempre esperando que alguien les ponga el pie cerca, 
para prenderse a la piel,
para chuparles la sangre...

Algunos las comparan con banqueros, políticos, empresaurios... 
esa gente que se apropia del fruto de tu trabajo. 
Pero las sanguijuelas no son tan malas como "esa gente". 
Las Sanguijuelas del Guadiana sacan buenos discos.

 

miércoles, 2 de julio de 2025

De profesiones, trabajo en el campo y escaqueo en consultoría

"Lo que me sorprende es que en nuestra sociedad el arte ya solo tenga relación con los objetos y no con los individuos o la vida; y también que el arte sea un dominio especializado, el dominio de los expertos que son artistas. Pero ¿no podría la vida de cualquier individuo ser una obra de arte?" -Foucault, M.: La ética del pensamiento. Por una crítica de lo que somos (Edición y traducción de Jorge Álvarez Yagüez). Madrid, Biblioteca Nueva, 2015. Pg 353.

******************

En la inmensidad de la finca -del Campo con mayúsculas-, de la inabarcabilidad de las tareas, del trabajo infinito... se genera un aislamiento y, a la vez, comunidad: con las plantas los animales el agua...-.  No hay nada de artístico allí, poca intervención humana, pero, en el contexto de mi vida, aporta una dimensión estética... Porque yo no debiera estar ahí -es también mi pequeña resistencia-. Yo no debería estar ahí, debería estar produciendo, diseñando, invirtiendo, amasando fortunas, viajando, consumiendo... En lugar de bregar con las ovejas, la leña, las jaras... Durante ese tiempo estoy lejos de los engreídos y estirados ingenieros. Me siento más humano y considero que le da intensidad a la novela.

 

Hace unos días terminé de leer "Oposición" de Sara Mesa. En cierta manera, me sentí identificado. No es muy común pero, en ocasiones, me ha ocurrido que uno está en un buen trabajo sin mucho que hacer... Y acaba siendo bastante incómodo, porque puede que no haya mucho que hacer, pero hay que estar ahí. Y, además, hay que aparentar que se está haciendo algo... para que no se rompa la ficción y acabemos todos en la cola del paro, o nos muevan de posición. La verdad que, cuando me ha ocurrido, siempre he acabado buscando otra cosa... el aburrimiento te acaba llevando a mover el curriculum. Además, en la empresa privada, cuando ocurren estas situaciones, es porque se avecinan cambios -y no para bien-.
Hace unos meses hubo un ataque informático a la compañía para la que trabajo y, de golpe y porrazo, no podíamos hacer nada... Pero había que estar ahí. Hay verdaderos maestros del escaqueo para los que no supone ningún problema... Yo, lo llevo bastante mal. Por suerte, entre lo que me quedaba pendiente y absorbiendo el escaqueo de mis compis, pude seguir trabajando sin necesidad de simular. 
Resulta difícil aprovechar ese tiempo para otras cosas. Porque hay que estar ahí, aunque sea perdiendo el tiempo. Yo teletrabajo pero, da igual, porque hay que estar pendiente de un montón de comunicaciones que llegan por un montón de canales. Simular es también un trabajo... Hay que mantener la confianza: con el cliente, los jefes, los compañeros... Creo que nunca había estado en un trabajo donde la necesidad de simular fuera tanta, donde la ineficiencia en la organización del trabajo fuera tan desastrosa y donde la implicación fuera tan baja. Quizá es algo común en el ámbito de la consultoría.

"A estas alturas, debía saber que yo no hacía nada. Sin embargo, hablaba de mí como si estuviera ocupadísima. A los funcionarios de otros departamentos les decía: menos mal que vino, yo es que no doy abasto..." - Sara Mesa: Oposición.

El síntoma mas notorio debe ser ese: tener que estar siempre  justificándose, hablando bien de ti mismo, hablando mal de los "otros" y lisonjeando a tus compañeros... Resulta imposible hacer autocrítica cuando sabes que no estás haciendo nada y que romper la simulación solo te puede llevar a un lugar peor.

En el campo siempre hay muchas cosas que hacer, por eso que hay que fijar pequeños objetivos, que sabes que acabarán atrayendo más trabajo... Así que, hay que terminar poniéndose límites... Bien mirado, en las empresas pasa un poco lo mismo: en cuanto uno empieza a sacar trabajo le acaba cayendo más trabajo y hay que marcarse límites, o delegar en los demás -que para eso es una empresa-. En el campo no es tan fácil delegar. Si delegas ya no es Campo, entonces se convierte en un negocio, en una explotación agroganadera, una empresa... un oficio.

 ***************************

Hace unos días se graduó la mayor de mis hijas -el año que viene comienza el insti-. Estuvo muy interesante el acto. Pudimos escuchar el relato de profes, dirección, autoridades locales, madres, padres... Cada uno de los agentes tenía su propia visión de cómo había sido el proyecto de formación de esos preadolescentes que finalizaban su etapa de juego, diversión, aprendizaje, socialización en el cole y parecían ser lanzados ahora, sin anestesia, al mundo adulto: al mundo del trabajo y las profesiones. Era una "lucha por el relato" en la que no ganó nadie, porque solo interesaba a los propios agentes implicados.
El relato de lxs niñxs resultaba más difícil de descifrar: no tenían que justificar nada, estaban allí porque les habíamos mandado. Sin embargo se les veía felices, se acordaban de sus excursiones, de las cosas que les habían hecho gracia, también eran protagonistas y hacían tonterías.
 
Una ministra dijo hace tiempo que los hijos no son de sus padres... son también del Estado, de las empresas, del sistema educativo, las administraciones, las pantallas, las marcas... Pero, afortunadamente, las niñas y niños todavía podían seguir jugando y riéndose de la ministra, las autoridades, maestros, dirección y de todos los allí presentes.
 
**************

Me ha resultado muy interesante leer estos meses a Foucault y Agamben. Porque todas las ideas focaultianas dan buena cuenta del proceso de formación de las niñas, de sus cuerpos, identidades... Y todo el control biológico y conductual al que los sometemos: checkeos médicos, educación física, horarios, hábitos alimenticios y saludables, pautas de descanso, pautas de comportamiento, identidad de género, sexualidad, higiene... Sí, en los preadolescentes ya empiezan a ser notorios los rasgos familiares y sociales. El control, la disciplina, la recompensa y el castigo han hecho su trabajo. En este sentido me resultó gracioso e inquietante que mi hija se disfrazara como yo, como si deseara tener un oficio similar al mío... sea lo que quiera que sea mi oficio.  
Lxs niñxs estaban en el escenario iluminado, nosotros podíamos verles, pero ellxs a nosotros no. Por eso se esforzaban en sus representaciones, trataban de hacerlo lo mejor posible y nosotros nos sentíamos poderosos porque teníamos el control sobre aquellas medianas criaturas.
Pero me ha resultado más interesante cómo Agamben enlaza las ideas de biopoder y control con la ley, los Estados... Todas esas estructuras estaban también presentes en ese acto. El alcalde, el director... revestidos de poder soberano, aunque solo sea durante el ejercido de su legislatura. No tienen el alcance y las consecuencias de un Estado, pero sí cierta influencia para establecer el adentro y el afuera, los favorables y los bandidos, lo que está bien y lo que no es tolerable...

Y mientras miraba a lxs despreocupadxs chavalxs, me dio un poco de miedo y asco el mundo al que les estábamos lanzando a trabajar para... Allí no se atisbaba dimensión estética, ni papel sin cuadrícula donde escribir la novela.

lunes, 5 de mayo de 2025

Control, poder soberano y resistencia

Las formas de ejercer poder sufren oscilaciones y se adaptan a las diferentes épocas y escalas. Hay formas de control que se consideran superadas pero, en mi pueblo, por ejemplo, el poder político sigue utilizando las formas disciplinarias, la censura y el control del pensamiento. Es fácil de observar en las redes sociales: existe cierta libertad y, algunas personas, expresan su opinión públicamente en contra del poder soberano. Pero esas personas pasan a ser identificadas con la oposición y la derecha. Pueden hacer vida en el pueblo, pero quedan excluidas de los favores que se reparten desde lo público: contratos de obras, trabajos temporales, favores urbanísticos... Sirven de casos ejemplarizantes y fijan el modelo de lo que no se debe hacer. 

Ya lo he comentado en otros posts: existe una curiosa inversión de roles entre los que se hacen llamar de izquierdas y de derechas -las izquierdas buscan conservarse en el poder y las derechas se han vuelto revolucionarias-. Aunque cada vez la distinción es menor entre entre unas y otras, incluso en la vestimenta, los gustos o la supuesta ideología. En ambos casos son conservadores en lo moral y liberales en lo económico. Me preguntaba si también fue así con anteriores gobiernos? Y entiendo que sí, porque en Extremadura se pasó del franquismo al gobierno del PSOE, sin anestesia. Así que las disciplinas de partido, el control de la opinión, el liderazgo... son cosas que se heredaron desde el régimen, pero ahora ejercidas por el otro bando: los liberales progresistas.

El partido extiende sus garras por todas las instituciones públicas y trata de mantenerlas bajo control: la sanidad, el colegio, las asociaciones, la mancomunidad... Estableciendo una suerte de mafia donde ir colocando personas afines... Da todo bastante asco, la verdad.

Hace poco tuve un pequeño desencuentro con este sistema de control popular. Porque soy parte de la AMPA y, como asociación, compartimos una petición anónima para que hicieran unas mejoras en un parque infantil. A las pocas horas ya tenía unos mensajes de Whatssap de alguien del Ayuntamiento diciéndome que si habíamos presentado alguna petición en el mismo Ayuntamiento. Yo tampoco soy muy avispado, pero me di cuenta que dentro de la asociación ya había gente a la que le habían llamado la atención desde el mismo sitio -y yo no voy a comprometer a ningún compañero-. Al poco tiempo, desde la dirección del cole -también afín al partido- nos hicieron una jugarreta, silenciando y ocultando una actividad que habíamos financiado como asociación. No me sentó mal -yo no soy la AMPA, solo soy una parte-, pero me dio coraje. Porque toda esta gente del PSOE se las da de progres, juveniles y demócratas pero, cualquier iniciativa que parte de la gente, les molesta. Porque llevamos más de 40 años de "democracia" y están acostumbrados a tener ellos el poder toda la vida y hacer lo que les da la gana sin dialogar ni negociar con nadie, únicamente asumiendo como verdad un extraño ideario e intereses personales, que distan muchos de estar alineados con el bien común.

De aquellos lodos, estos barros -solemos decir-. También que no hubo una tal transición: Nos acostamos en dictadura y nos levantamos demócratas. Pero nuestra democracia representativa es muy limitada. Se limita a elegir quién quieres que te mande, pero ni por asomo se plantea que la población participe del gobierno. Y, si hay algún avance en libertades, es porque el control de masas lo demanda: porque resulta más rentable mantener entretenido y despistado al personal que invertir en mecanismos de control -que además generan malestar-.
Como decía Foucault: donde hay poder hay resistencia. Y la resistencia es una tarea infinita que busca construir, que busca el cambio, frente al poder -que solo desea perpetuarse y crecer-.

lunes, 10 de marzo de 2025

El éxito profesional y la familia

El ayuntamiento introdujo algunas novedades en la organización del día de la mujer. Habían elegido a una chica de éxito para homenajear en la celebración de ese día: una arquitecta que, trabajando duro, con esfuerzo y sacrificio, está consiguiendo levantar una carrera profesional desde el pueblo.
Carmen -la homenajeada- preparó un discurso bien interesante: desde la experiencia personal, relatando las dificultades específicas y prejuicios que debe soportar una mujer para desempeñarse laboralmente en un ambiente copado por hombres. Fue un relato sobrio, sincero, fresco, realista... un relato de superación personal.

En mi ámbito profesional hay pocas mujeres. Aunque pareciera que los hombres cada vez nos implicamos más en la crianza y las tareas del hogar, si me preguntaran sobre mis compis -o yo mismo-, diría que el grueso de esas tareas sigue bajo el mando y liderazgo de las mujeres. Y, oye, hay personas muy sacrificadas y vitales que pueden con todo eso y más. Pero la cosa es que tampoco hace falta sufrir -o ser SuperWoman-. Vivimos en una sociedad hedonista e individualista, una sociedad en la que el ocio por el ocio es también una actividad de consumo y, por tanto, productiva... Vivimos en un futuro donde las máquinas y la IA trabajan por nosotros... ¡Alexa! Lleva a las niñas al cole!

Dejando a un lado la ironía: ni la IA es tan inteligente, ni los avances tecnológicos han conseguido liberarnos de trabajar para otros. El trabajo remunerado nos sigue exigiendo sacrificar el trabajo en nosotros mismos y los cuidados de los que nos rodean. Hay algo perverso e insatisfactorio en esa lógica:
Hace unos días escuchaba un podcast de unas mujeres entradas en los 40s que hablaban de lo difícil que resulta tener hijos a partir de esa edad. Una edad en la que ya disponemos de cierta estabilidad y se nos ocurre que, quizá, podríamos dedicar parte de nuestro tiempo a nosotros mismos, más allá del binomio ocio-profesión. En la meseta de nuestra vida, comenzamos a cuestionarnos el valor de la carrera profesional y lo denigrante que pudiera parecernos realizar las tareas del hogar: sí, preparar puré, cambiar pañales, jugar... es un trabajo pesado, si son los niños de otros pero, quizá, pueda ser una tarea satisfactoria si se trata de tu familia. Fregar los platos, hacer pequeñas reparaciones en la casa, cocinar... también nos puede hacer sentir orgullosos. Quizá, en esta edad donde vemos envejecer a nuestros padres y aparecer nuevas generaciones, tomamos consciencia de que la carrera profesional no tiene fin, pero la vida sí. Y eso no quiere decir que haya que lanzarse a procrear, pero quizá sí que nos lleva a fantasear con trascender más allá del trabajo por cuenta ajena -o autónomo-.

***********

Como broche final habló el alcalde del pueblo -se trataba de un acto organizado por el Ayuntamiento-. Desde las instituciones es común hacer referencia al progresismo y la democracia, como bienes en sí mismos, generadores de riqueza, libertad, igualdad... En este caso, Progresismo y Democracia, habían conseguido que no sean solo los hombres quienes tengan éxito profesional -ahora, las mujeres también pueden llegar a lo más alto-. Por fin los hogares han quedado vacíos y todxs podemos entregarnos a la productividad y el ocio.
Sí, desde el punto de vista de nuestras instituciones, y también desde el del tejido económico y empresarial, la homenajeada era un innegable caso de éxito. 

Pero vivimos en un pueblo y sabemos que, al lado de la arquitecta, hay otras dos hermanas con titulación universitaria, unos abnegados padres y una familia extensa que ha dado soporte para configurarlas como punta de la lanza. Seguro que su familia está muy orgullosa de ellas: han conseguido grandes cosas.
Ese estar orgullosas las madres y abuelas se repitió varias veces -yo tenía a mi padre al lado y no dejaba de decir que el padre también estaría orgulloso-. Y para estar orgulloso de algo, hay que participar de ese algo. Pero las instituciones, el tejido económico y empresarial, Libertad y Democracia no serían jamás capaces de reconocer a una entidad  rancia, comunal y obsoleta como la familia ningún éxito. Todo éxito debe ser personal e individual. Aún a sabiendas de que la familia es, a día de hoy, el principal mecanismo de reproducción de la mano obra... De ahí esa ambigua relación entre instituciones y familia: por un lado se exalta el éxito personal -para desactivar cualquier capacidad política- pero, a la vez, se siguen sosteniendo y apoyando los servicios -sanidad, educación...- y privilegios de la la familia -herencia, protección legal...- para mantenerla viva como unidad biológica de reproducción y pieza básica de la estratificación social.

*************

La familia ha quedado excluida del relato y el imaginario de las clases medias y bajas como actor social. En los 80s, 90s abundaban las series y películas de familias más o menos extensas que tenían un papel en su comunidad: Farmacia de guardia, El príncipe de Bel-Air, Médico de familia, Los Simpson... Pero pareciera que, finalmente, haya triunfado el relato de series como Friends: donde un conjunto de profesionales aparecen en el escenario de una gran ciudad y sólo dependen de su trabajo para seguir adelante. Como si el Estado y las empresas privadas proveyeran de todo a quien tiene ambición y ganas de trabajar... Extraño relato para un mundo plagado de desigualdades. Donde sabemos que hay que nacer en unas circunstancias muy concretas solo para tener la oportunidad de acercarse a la puerta del ascensor social. Cuando, además, el tiempo de vida durante el cual podemos desenvolvernos sin cuidados es relativamente breve.

***********

María, la hermana mayor de Carmen, se plantó en medio del escenario y, ante un auditorio prácticamente lleno, interpretó la emotiva canción "Mujer de las mil batallas". Y considero que hay que ser muy valiente para hacer algo así. Sobre todo alguien que no es una profesional de la canción. Valiente, hábil y exigente: porque lo hizo tremendamente bien.
Sí, también son importantes las cualidades individuales y el empeño personal para el éxito -no pretendo desmerecer a nadie-.

domingo, 2 de marzo de 2025

44: la espiral del tiempo

Otra vez he comenzado a leer  "La Voluntad" de Azorín. No sé... me entraron ganas después de haber estado estudiando la historia de las ideas políticas en España durante los últimos siglos. -Voy a releerlo ahora que estoy en contexto, antes de que se me olvide todo -Me dije-. Ha sido un libro que siempre me ha atraído y, al revisitarlo, he recordado porqué. No era por el ritmo trepidante de la acción -todo lo contrario-, ni por las ideas expuestas -aunque pueda tener su emoción situarlas en los diferentes pensadores de todas las épocas-. Es por el ritmo -pausado-, la sonoridad, la forma de escribir, las descripciones detalladas... Te traslada al ambiente de pueblo de la época -como irte a Hontanaya fuera de las fechas de fiesta- y te hace consciente de la cantidad de ruido y aceleración en que vivimos sumidos hoy día.

Lo leí por primera vez en el insti, como representante de la generación del 98, de ese espíritu melancólico que abrazó el país después de perder sus últimas colonias... Todo estaba mal entonces y había que regenerar la política. No podía continuar el sistema corrupto de progresistas y conservadores -pero todos liberales- alternándose en el poder. No ha cambiado mucho la cosa en los últimos 120 años -quizá sólo el control de masas se haya tecnificado y biologizado más; el liberalismo se ha puesto el traje de la ciencia-.
También lo leí por su peculiar forma de escribir y enlazar las frases, ideas, descripciones... Con un sistema de puntuación que siempre me resultó atractivo, que siempre he intentado imitar.

El libro se mantiene vital, fresco y lozano, aunque las páginas amarilleen un poco. Es una edición de 1989... En aquel entonces Internet no era una cosa de masas -la lectura, sí-. Sin embargo, Internet, ha envejecido peor... se descompone, está permanentemente mutando, se expande y contrae, buscando su lugar en el mundo. Los sitios en que nos divertíamos de jóvenes han desaparecido: Messenger, Tuenti, foros... Otros han sido abandonados: Blogger, páginas webs que nadie actualiza... Y muchos van desapareciendo sin más -en cuanto se deja de pagar el dominio-. Es verdad que tampoco hace falta conservar tanto contenido.
Yo soy muy de guardar, lo guardo todo en local, e mis discos duros... también copias de este blog. No me fío de lo efímero de internet, ni de la nube, ni de las grandes compañías derrochando recursos para almacenarlo todo. También guardo trozos de muebles viejos, maderas, hierros... por si alguna vez tengo tiempo y hago algo con ellos. A veces sí los reutilizo: para arreglar un armario, hacer una estantería... Antes de la era del plástico y los circuitos integrados las cosas se podían -y debían- arreglar.
Los textos no los reutilizo. Sólo, en ocasiones, desarrollo algunas ideas que voy anotando en Facebook. Facebook es mi bloc de notas -y fotos-. Supongo que me he adaptado al paradigma del internet 2.0 y sólo consumo lo nuevo... lo viejo tiene que ser reeditado, remozado...
La edición que estoy leyendo de "La Voluntad" está llena de anotaciones, para facilitar la comprensión sin tener que salir constantemente a buscar en el diccionario o la enciclopedia -porque hace un montón de referencias a hechos de la época, que ya solo importan a los historiadores-. En eso se ha quedado viejo: porque, con el móvil y Alexa siempre al alcance, es muy fácil consultar -y la anotación distrae-.

Hace unas semanas, un amigo se encontró con un sitio "antiguo" del pueblo. Y fue ilusionante y gracioso. Era como retroceder unos años atrás. Como descubrir un álbum de fotos olvidado. El sitio web no era tan viejo...
Antiguo o viejo soy yo -que ya le he dado la vuelta al jamón-. Que estoy en una etapa estable de mi vida. Quizá todavía aspiro a más, pero más de lo mismo: más dinero, más tiempo libre... menos trabajo, pero donde estoy. Para leer más con mis hijas -y solo-, escribir más, ver películas, cortar más leña, criar más ovejas, gallinas, cuidar un huerto, cocinar, hacer fiestas con los amigos, yacer con mi mujer, viajar... Quizá cuando era más joven la vida se presentaba llena de posibilidades y caminos por explorar: ser funcionario, intentar ser escritor, medrar en el trabajo -llegar a lo más alto-, comprar una casa en algún sitio... Un tanto estresante tanta posibilidad mientras, además, debes seguir lidiando con la vida.

Estas últimas semanas he vuelto ha escuchar insistentemente Corcobado. Su música ha envejecido bien -o quizá sólo ha envejecido más o menos acompasada conmigo-. Es como echar la vista atrás, a las emociones que me inundaban en el pasado, pero con cierta condescendencia y nostalgia...

¿Por qué estoy tan triste teniéndolo todo?
Vivo sin mañana sangrando palabras
Ya no sé quién soy ni adónde voy

¿Por qué estoy tan triste teniéndolo todo?
Yo no sé por qué he nacido así
Soy una infección de contradicción

Y no tengo alergia a la alegría
Sólo tengo alergia a la hipocresía
Fragmento de "¿Por qué estoy tan triste? de Javier Corcobado

Siempre he pensado que he estado dando tumbos: de un trabajo a otro, de una ciudad a otra... Pero ahora me aparece todo una espiral: una vuelta a las cosas que siempre he amado -enriquecidas con esos garbeos por las periferias-.



sábado, 18 de enero de 2025

De La Sustancia, cyborgs y el inexorable paso del tiempo

Me descargué La Sustancia, porque no conseguía verla en el cine. Es una película que no deja indiferente a los que tenemos una edad. Demi Moore fue un mito erótico durante los años de mi adolescencia. En la peli hace el papel de una mujer de 50 -aunque tiene ya más de 60- y sigue estando muy bien "para su edad".
El paso del tiempo cambia los cuerpos, los hace menos deseables a la vista. Yo miro fotos de mi juventud y me cuesta identificarme con esa figura tan delgada y esbelta. Pero la mediana edad tenemos derecho a seguir existiendo -y deseando-, tenemos nuestro nicho de mercado. Aunque nos toque afanarnos en las cosas aburridas y sórdidas de la sociedad: la vivienda, el capital, las compras, el trabajo... Para que los cuerpos jóvenes puedan gozar y sentirse atraídos por un sistema mundo que luego tendrán que sostener -que paguen nuestras pensiones-.
Una de las ideas que subyace en la película es el sacrificio de la edad madura. Un sacrificio con el "aliciente" de observar el crecimiento, éxito, pericia y exuberancia de la juventud. Empezamos pensando que somos partícipes de su desarrollo y éxito: la disciplinamos, formamos, llevamos a actividades extraescolares... pero pronto nos damos cuenta que tienen vida propia -que no somos uno-, que sus intereses no son los nuestros o que, incluso, se contraponen -se alimenta de nosotros-. La juventud nos atrae y nos da miedo: porque somos plenamente conscientes de la finitud del cuerpo mientras ella se desenvuelve con arrogante y despreocupada vitalidad.

La Substancia plantea una fantasía química que soluciona el problema de la vejez desde un desdoblarse: como tener una hija pero sin el trauma de la crianza. Y nos estábamos acostumbrando a que el cine abordara el tema desde el cyborg: introduciendo mejoras en nuestro cuerpo a base de tecnología robótica. Como ocurre en Alita: Ángel de combate. Porque es algo que nos resulta más intuitivo y razonable -la magia y la alquimia son cosa de otras épocas o excentricidades de ricos-. Ahora tenemos un montón de gadgets para ir reemplazando lo que se nos va rompiendo: gafas, audífonos, prótesis... O intervenciones quirúrgicas para disimular el paso de la edad. Y, aunque no están integrados en nuestro cuerpo, utilizamos herramientas y aparatos casi para cada interacción con la naturaleza y el resto de humanos: coches, móviles, ordenadores, patinetes...
El móvil es ya una extensión imprescindible de nosotros mismos. Mucho más que un pasatiempo. Es una herramienta de trabajo, el medio para mantener relaciones sociales, para realizar trámites burocráticos, vigilar la salud, identificarnos, orientarnos... Y, en una sociedad donde todo es competencia por la atención y notoriedad, quien tiene las mejores herramientas puede desenvolverse con mayor éxito y eficacia. La herramienta nos transforma, nos da poder... como si tuviéramos un cuerpo joven con la experiencia de la madurez.

********************

La piel cambia. En la vejez se ve fina y delicada. Miraba las manos de mi padre -ahora miro obsesivamente las manos-, que siempre han sido fuertes, hábiles y decididas... Pero el paso del tiempo no cesa en su erosión... No hay tanta diferencia ente él y yo... Veintitantos años pasan volando y la fragilidad acecha a todos.
A los líderes mundiales parece que no. Están a tope, a pesar de la edad: Trump tiene 78 tacos -los mismos que David Lynch, que falleció estos días-.
El tiempo es finito, pero invertimos ingente esfuerzo e en cosas que no nos satisfacen. En cosas que incluso nos resultan desagradables: sacando adelante el trabajo de otros, explotando a otros...
Si viviésemos más años siendo jóvenes ¿Aprovecharíamos mejor  el tiempo? O ¿Lo invertiríamos en lo mismo? Porque, al final, esa es la aspiración de Demi Moore en la Sustancia: empezar de nuevo, seguir en lo mismo pero en un cuerpo joven, subir más alto, envuelta en una capa de deseo y voluptuosidad.

domingo, 5 de enero de 2025

El trabajador en potencia y el perfect flow

Llevo más de 2 años trabajando en una empresa de consultoría informática. Estos días también me encontraba leyendo sobre las diferentes corrientes políticas españolas en la modernidad. Y, llegando al socialismo, se me antojó imposible la materialización de las ideas marxistas que se exponían acerca de la emancipación de los trabajadores, la toma de los medios de producción o la dictadura del proletariado. Sería una absoluta marcianada plantear un discurso así en mi ambiente laboral: un ambiente dirigido por el deseo, lo aspiracional, la apariencia, el marketing y donde la producción es algo absolutamente irrelevante -un residuo de lo verdaderamente importante, que es la facturación a cliente-.

La consultoría es un ambiente muy individualista donde, además, no es nada fácil identificar el producto del trabajo -¿Cómo vas a desear apropiarte de algo que no ves o te es totalmente ajeno? Sí, ves el dinero en tu cuenta y podrías querer facturar tú, como individuo, directamente a la segunda empresa, o la tercera... El producto aparece difuminado detrás de la maraña especulativa del tráfico de mano de obra.
En la consultora para la que trabajo se venden equipos -para que los trabajadores sintamos algún tipo de vínculo entre nosotros-. Pero, en el día a día, somos un grupo de trabajadores externos en otra empresa, con condiciones diferentes y sometidos a sus reglas. El trabajo desempeñado se mide en horas facturadas. No importa el rendimiento. 

Quizá sería más preciso llamarlas empresas de trabajo temporal (ETTs) o empresas de recursos humanos pero, en el campo de juego del deseo y el mercado, consultoría suena mucho más atractivo. La especialización es poca: los proyectos son a corto plazo, un año se trabaja para una empresa y al siguiente puede que para otra. Así que nadie es experto en nada, aunque sí se llega a adquirir cierta habilidad y conocimiento en el manejo de herramientas genéricas y formas de trabajar estándar.
Al no existir una vinculación o un conocimiento profundo del producto... el trabajador es una especie de continuo estudiante que picotea de aquí y de allá, sin focalizarse ni responsabilizarse de nada. Lo importante es tener un buen portfolio de herramientas que conoce, con las que podría ser un candidato a trabajador -siempre como trabajador en potencia, nunca en acto-.

El consultor es un Chat GPT, un Gemini, una IA: tiene respuestas para todo. El buen consultor siempre parece saber de todo, es el cuñadismo hecho profesión.
El consultor es un trabajador infantilizado, que solo aspira a insertarse en el mercado como objeto de deseo, como anuncio comercial de infinitas posibilidades. El trabajo mismo le resulta algo misterioso, incompresible, etéreo, temporal... Lo toma como una posibilidad de promocionarse y adularse a sí mismo. La mayoría de mis compañeros parecen más preocupados por hablar de lo que hacen y decirlo ante las personas indicadas que por entregar algo de calidad. Así que se necesitan un montón de herramientas de control: dailies, metodologías ágiles, product owners, scrum masters, project managers, revisiones de código, tests automáticos... Trabajo burocratizado y enajenado.   

Vivimos en sociedades líquidas. Y el consultor es el resultado de los nuevos mecanismos de deseo, acumulación de capital, adaptación continua... Es quizá el trabajador que mejor encaja en los tiempos actuales, el único superviviente a la siguiente crisis que siempre amenaza con venirse encima, el que está al día en las últimas tendencias del mercado... El poseedor del Perfect flow.


lunes, 9 de diciembre de 2024

How to tener una vida placentera

Me esperaba una conclusión mucho más moralizante y disciplinante... algo así como lo de las chicas de Alcaser. Pero "How to have sex" no es así. Quizá sólo un poco... Desde luego las consecuencias de salir de fiesta no son tan brutales. Podría pasar por un relato ejemplarizante, una advertencia, o un manual de cómo no tener sexo. Pero sin pasarse de frenada. Sin llegar a decir que las chicas no follen; se puede follar, pero ojo, cuidado: no a cualquier precio; se trata de que sea algo placentero, no una experiencia de mierda.

Una etapa difícil los inicios. Supongo que quién más o quien menos se ha visto envuelto en situaciones similares. En relaciones en las que no quería estar, o haciendo lo que no quería hacer. Supongo que siendo chica es más fácil acabar en escenarios incómodos. A los niños siempre se nos educa o socializa en una cierta agresividad y competitividad, en forzar las cosas, en hacer activamente que pasen. Y luego está la pornografía por todas partes... oculta pero accesible a todo el mundo. Pareciera realmente difícil llegar a desarrollar una sexualidad sana y placentera.

 

Llevaba un montón de tiempo sin ver una película que no fuera infantil o de animación. Mi tiempo de ocio ha excluido esa actividad. No encuentro el momento de sentarme delante de la pantalla -tampoco para escribir-. Mi vida transcurre en un frenesí de actividad y obligaciones... No hay tiempo para pensar ni retomar posiciones... -¿Qué quieres ser de mayor?... -Vaya! Si ya soy mayor.

No soy una persona hedonista. En un sentido peyorativo de hedonismo: búsqueda del placer inmediato, entregado a los bajos instintos y el consumo egoísta... De vez en cuando puedo practicarlo, pero como un dejarme llevar -no como algo buscado o deseado-. Supongo que prefiero un placer algo más sofisticado, el que encuentro: leyendo, viendo pelis, cortando leña, cogiendo setas, haciendo chapuzas en casa, escribiendo...
Llevo unos meses que no se me ocurre sobre qué escribir. Y, usualmente, cada dos o tres semanas me venían unas ganas imperiosas de hacerlo. Pero de un tiempo a esta parte me cuesta desconectar del trabajo. Necesito varios días para olvidarlo... Siempre quedan un montón de cosas pendientes. Y tampoco es que yo sea el dueño de la empresa ni el jefe de nada -pero oye, si estoy en algo, me gusta hacerlo bien-. Esto ya me ha pasado otras veces: puedo verlo en el número de posts que hay en el blog cada año. Cuando hay pocos posts es que estoy demasiado entregado al trabajo... y es señal de que tengo que bajar el ritmo, porque a mí no me pagan más ni me ascienden por entregarme más. 

Hace falta ese paréntesis para mirarse desde fuera y decir: -Oye! Por ahí no es... No es necesario obsesionarse, ni con el trabajo, ni con tener sexo.

martes, 8 de octubre de 2024

Yuste, trabajo, algorimos, bañarse y podcasts

Desde que estoy enganchado al podcast de Las hijas de Felipe (no las de González o el Borbón, sino las de Felipe II), siempre se me aparece un trasfondo homoérotico en las historias de los monasterios: curiosos grupos de hombres o mujeres que se apartan de la sociedad para vivir de forma austera, orando, laborando... 

Mientras nos hablaba de su fundación, irrumpió apresurado un cura joven, alto, rubio, con acento extraño pidiendo paso para llegar a la misa. El guía turístico nos dijo que en los tiempos actuales costaba encontrar monjes y que, debido a eso, los que ahora viven en el monasterio de Yuste, habían venido desde Polonia. - Vaya... una historia bien bizarra... como las de los siglos XVI y XVII -pensé-. 

Resulta que el monasterio en sí es bastante modesto. Lo que lo hizo relevante a los ojos de la historia y el turismo fue que Carlos V lo eligiera como lugar de descanso tras su retiro de la vida pública. Así que, cuando entramos a ver el palacio del recién jubilado emperador, me pareció de justicia poética que un mosquito extremeño acabase con su vida: La Vera no es lugar para emperadores ni monarcas; muerto por pringao -que ya te lo dijo tu hijo Felipe II: que aquella era zona de paludismo-.

Claustro nuevo del monasterio de Yuste - Foto de octubre 2024

*****************

En ocasiones tengo la impresión de que "el algoritmo" no me ayuda, todo lo contrario: trata de enviarme siempre a donde no quiero ir. Es una lucha constante por huir de sus recomendaciones musicales, que son siempre más de lo mismo.
En todo lo que tenga que ver con el ocio y el mercado, el algoritmo se comporta de forma odiosa. Al final lo consigue: consigue que me implique en luchas que no quiero librar, que aborrezca lo que no tenía ganas de escuchar y que vea lo que las grandes compañías tratan de convertir en tendencia. El algoritmo es muy inteligente, sí: sirve de manera apropiada a los intereses de quien lo puso en marcha.

En La linterna de Diógenes comentaban que una de las cosas que permite la tecnología es realizar funciones por nosotros... Pero que, en lugar de nosotros reemplazar esa actividad que ahora realiza la máquina, lo que hacemos es quedados sentados, haciendo scroll down, eligiendo la serie que vamos a ver, el restaurante donde vamos a comer, o la próxima ciudad que vamos a visitar... No hay reemplazo, ni integración de la máquina para desarrollar una nueva habilidad... solo desposesión. Dejamos de hacer algo que podía mejorar ciertas habilidades para dejarnos en un vacío existencial.
Yo lo percibo especialmente con los mapas: el google maps me ha convertido en un completo inútil. Yo antes podía orientarme, recordaba los nombres de los pueblos por los que pasaba... ahora me da pereza. Y, además, me pasa lo que con el algoritmo: ando luchando para que no me mande por sitios por los que no quiero ir.

Las máquinas nos imponen su agenda. Y pareciera que andan forzándonos continuamente para que nos adaptemos a sus formas de funcionar. Las formas de funcionar que técnicos y comerciales estiman más eficientes e intuitivas para que consumamos más y mejor.

En mi trabajo se van incorporando también estos "algoritmos" o "IAs", de forma más o menos explícita: en los IDEs, buscadores... Y parecen funcionar muy bien. Pero claro, cualquier cosa que te facilitan hace que puedas hacer otras muchas cosas, aquí sí que hay un reemplazo, integración de la herramienta, aumento de la eficacia, más producción... Antes había que escribir mucho código y ahora se escribe solo poniendo las etiquetitas del framework. Y se escriben muchos tests, y la gente anda a vueltas para que lo que se escribió hace tiempo funcione con lo nuevo, que es mucho mejor... la tecnología marca su ritmo, todos queremos trabajar con lo último, lo que automatiza todo, lo que hace todo más fácil y más rápido...
Ya nadie escribe código en editores de texto plano... Ya nadie escribe código. Todo es reaprovechable.

"¿Qué cantarán los trabajadores del campo cuando el campo sea una central energética?" ¿Cantaban antes los agricultores y ganaderos? Creo que nunca conocí a trabajadores que cantaran... Bueno... quizá en las películas, en los musicales... Quizá los albañiles cantaban. Desde luego ahora no me imagino a alguien trabajando y cantando... Justo en la era en que a todos nos apasiona nuestro trabajo. Pero es que si se trabaja y se canta... se es menos productivo! Quizá cuando en el trabajo se cantaba el trabajo era menos carga... Y no hacía falta lo del ocio...

¿Cuándo empezó la gente a bañarse? A desear bañarse. Construirse una piscina, viajar a la playa, sumergirse en el mar.
Creo que mis abuelos maternos, cuando ya eran mayores, empezaron a hacer turismo. Iban a "Los baños de Montemayor", que yo siempre imaginé como una suerte balneario y hospital.
Yo sí que iba con mis padres de vacaciones a la playa desde que era un niño. Pero estoy seguro de que ellos no fueron de vacaciones con mis abuelos.
A mi abuelo paterno le gustaba ir a La Celadilla -a unos 30 minutos en coche de Hontanaya-. Se metía en pelotas entre los juncos y se cubría de barros medicinales. Mientras los primos nos bañábamos...
Porque estábamos acostumbrados a bañarnos en cualquier sitio -en Herrera ya había pantano y nos plantábamos allí con las recámaras de las ruedas a modo de flotadores-.
No se concibe una vida plena sin los viajes, la playa, el ocio como oposición al trabajo... bañarse...

domingo, 14 de julio de 2024

El cercamiento, también de lo digital

En clase de inglés hablamos de las "time capsules". Como una especie de cajitas donde la gente pone recuerdos, fotos, objetos... que le gustaría ver en el futuro. Yo tengo por ahí una caja guardada con cartas, diarios y vete tú a saber cuantas cosas más -de mi adolescencia y primera juventud-. La vedad, no siento ganas de abrir esa mierda... o... bueno... quizá sí. El caso es que no suelo pensar en ello, sé que está ahí, por casa, pero no me interesa mucho. Es parte del pasado. y pasaron cosas buenas y también cosas malas.

En internet también tengo mi "time capsule", tengo currículums, páginas webs, perfiles de redes sociales... Y vete tú a saber cuantas cosas más. Está en internet porque quiero que se vea -no está bajo llave en una caja de casa-. El caso es que hay mucha gente temerosa de su huella en internet. Porque es un medio en el que hay que aprender a comportarse, y además siempre está el miedo de que se coja un trozo de algo, se saque de su contexto y se utilice con fines malignos... Quienes tenemos hijas que se aproximan al mundo digital, vivimos con ese miedo. Porque ves a los chavales con muy poca conciencia, muy malas intenciones y muy flipados con el mundo de los adultos.

La mejor forma de saber cuál es nuestra huella digital es poner en google nuestro nombre. Porque la huella digital es algo objetivo que hemos dejado por ahí al pasar -y los buscadores son máquinas que buscan datos objetivos, antiguos o nuevos-. Quizá encuentre nuestro lado más oscuro, nuestro historial delictivo -como en las pelis americanas-, o la cara que no queremos presentar a la empresa a la que hemos enviado el CV.
Uno nunca está del todo seguro en los espacios públicos... Por eso se privatiza todo... Esa extraña seguridad y garantía que nos da la propiedad privada, nuestro espacio, nuestro tesoro inviolable. Eso es también nuestra red social: donde podemos elegir el nivel de privacidad, quién nos ve y quién no. Todo mediado por las empresas y los gobiernos. La red social son los enclosures de internet.

 

Peasant Kermis, David Teniers, c. 1665 - Foto en Rijksmuseum

Me encontré en un podcast, a raíz de unos comentarios sobre "La España de las piscinas", la opinión de que todo en la serie "Médico de familia" era pura ideología -pura ideología de derechas-. La verdad, nunca la había visto así -para mí era una serie más que echaban en la tele-. Pero lo cierto es que representaba un montón de clichés y modos de vida que, en general, se pueden asociar a la derecha pija-progre de este país -Ciudadanos, UPyD y ciertos sectores del PSOE y el PP-.
Parecía una familia normal -porque tenían trabajos-, pero el estilo de vida que representaban no era normal. Se trataba de una ficción, una ficción que acabó convirtiéndose en el sueño húmedo de muchas familias de clase media: El chalet en las afueras, la asistenta, los coches...
El tío Phil de nuestro "Príncipe de Bel-Air" no era abogado -era médico- y nuestro Geoffry, una mujer con acento del sur. 

Pensaba que esa aspiración nada tenía que ver con las gentes que vivimos en los pueblos. En los pueblos tenemos nuestros propios y genuinos modelos de lo aspiracional. Aunque se podría decir que el modelo de éxito más común es la casa baja grande con piscina, o el chalet en el campo -también con su piscina-. -Vaya! Al final no es tan diferente del chalet de la familia Martín.
Pareciera que lo importante es ir ampliando la propiedad privada, ir cercando la vida social en tu propiedad, una propiedad donde tú elijes el nivel de privacidad: quién entra y quién sale... Todo garantizado por los gobiernos, las empresas de seguridad.

En el mismo podcast se comentaba que uno de los impulsores de este modelo de la casa grande en las afueras sostenía que, esta, era una buena manera de mantener a la gente ocupada: porque siempre estaban pensando en reformas y mejoras sobre su propiedad -Ikea y Leroy Merlin lo petan-, de tal manera que no les quedaba mucho tiempo para pensar, organizarse y convertirse en comunistas -era un estadounidense y el comunismo era el enemigo-.
Es curioso que este modelo haya ganado tanto éxito en Europa, donde estábamos tan acostumbrados a la plaza, los espacios y servicios públicos, las sillas al fresco, las fiestas, los mercadillos...
Pero poco a poco lo privado va ganando terreno a lo público. Al final, bañarse en la piscina -un tiempo y espacio para la socialización-, se ha transformado en un elemento de ostentación y en un sumidero de esfuerzo y dinero para mantener el agua clarita y el cesped brillante. Las vías de tren se van desmantelando en favor del coche. Las terrazas de bar ocupan cada vez más lugar en las plazas. La propiedad de titularidad pública se adueña de lo comunal...
El señor americano nos ha ganado la partida: nos ha encerrado en nuestra propiedad vacía y nos ha aislado -porque esa es la única manera de mantener la afamada privacidad-.
Y quizá nosotros no queríamos tanto eso... pero oye, también nos pasa cuando entramos a nuestra red social, que queremos ver cómo andan nuestros conocidos y acabamos aislados viendo vídeos chorras de kiss or slap, la máquina que tritura cosas, tractores que tiran de otros tractores, chicas exuberantes que se cambian de ropa, recortadores de toros... En fin: un enorme espacio lleno de vacío caro.

lunes, 20 de mayo de 2024

El concierto de Robe

Fuimos a Cáceres a ver el concierto de Robe. Ya lo he comentado otras veces: no soy muy fan de Robe -sí lo era de Extremoduro-. Pero ya ha llovido mucho, todos hemos cambiado, cualquier tiempo pasado fue anterior... 
Sí, el concierto estuvo muy bien. Seguramente ahora es técnicamente mejor que cuando empezó Extremoduro. Pero yo no soy músico -no me importa la técnica-, sólo me gusta escuchar, vibrar, resonar... acompasar las emociones con el sonido. Realmente hay muchas más cosas en la música que me interesan: referencias al pasado, vivencias asociadas, guiños culturales y sociales, el lenguaje... supongo que es más esto último lo que hace que Robe siga llenando estadios: es el pegamento que nos une a Extremoduro, pero no al grupo, sino aquella etapa vital.


A la mañana siguiente visitamos unas bodegas que hay cerca de Trujillo. No soy muy fan del vino, pero sí lo he bebido mucho -empezando en la adolescencia con el kalimotxo, la sangría, la zurra...-. Nunca me interesó mucho la técnica. Me gustaba vibrar, resonar, embriagarme... Me resulta agradable el olor de la uva y el mosto. Mi padre es de un pueblo de Cuenca y allí los ciclos del año están muy acompasados con los de la vid. En general, nuestra cultura europea, está muy ligada al vino.
Hará unos años que comencé a interesarme por los detalles técnicos de su elaboración. Un amigo tiene una viña, se puso a hacer vino y sus correlatos -vinagre y aguardiente- implicándonos a los colegas -se aprende, se experimenta y se pasan ratos divertidos-.
En esta bodega de Trujillo una enóloga nos acompañó por las instalaciones y nos fue comentando los diferentes trabajos y procesos. Un mundo apasionante, complejo y lleno de matices. Se la veía orgullosa del producto final que habían conseguido: seleccionando, fermentando, mezclando, madurando... Orgullosa de la alquimia: olores, colores, sabores... fruto de un trabajo orquestado que comenzó a definirse hace miles de años.

 

En la tarde estuvimos recorriendo el casco antiguo de Cáceres. Había muchísimo bullicio. Se celebraba una suerte de festival folclórico y, diferentes grupos de todas las partes de la provincia, habían tomado la ciudad. No soy muy fan de las jotas... pero conozco algunas. Forman parte de nuestro refranero, festividades y cultura popular.
Al caer la noche comenzó la actuación de "El gato con jotas". Un chaval joven que ha hecho su interpretación electrónica y queer del folclore cacereño. La plaza estaba abarrotada de gente de todas las edades y géneros. El público vibraba con la actuación. Allí todxs conocían las letras. Yo solo las más famosas: como aquella de Mare, mare, no mate usté el pollo, que las gallinitas quieren matrimoño... que Robe popularizara con su interpretación punk-rock, allá por los 90's.
Ha llovido mucho, los tiempos han cambiado. Pero fue muy emotivo porque al final del concierto el chaval sacó a su padre -que debía de tocar la zambomba en algún grupo de folclore- al escenario. Y a ambos se les veía muy orgullosos el uno del otro... orgullosos de ese producto final que habían logrado y que nosotros consumíamos con avidez. Un producto que en otra época habría horrorizado a la audiencia -cuando lo gay y lo lésbico eran reprobables y no tenían cabida en la vida pública-.

 

Al día siguiente fuimos al Museo Vostell de Malpartida. Creo que lo he comentado otras veces: es un lugar mágico; no solo el museo en sí, sino también el paraje donde está enclavado: Los Barruecos. Esta vez tuvimos la suerte de hacer una visita guiada. Y la guía era fantástica, absolutamente maravillada y conocedora de las obras del museo, el entorno y la cultura de la zona.
La llegada de Wolf Vostell a ese pueblo debió ser realmente impactante -porque las marcianadas del museo están muy lejos de cualquier folclore-. Pero también él debió quedar fascinado con la zona y sus gentes. La guía le atribuyó una frase que me pareció realmente maravillosa: "Los extremeños son más curiosos que miedosos...". Y era una frase que sintetizaba muy bien su experiencia con los habitantes de Malpartida. Pero también explicaba aquellas masas de gente de todas las edades que la noche anterior había visto agolparse con expectación en la Plaza de Santa María para golismear qué cantaba "El gato con jotas", entregados, alegres y con brillo en la mirada.

domingo, 10 de marzo de 2024

De cumpleaños, conciertos, anuncios y... cosas

Por mi cumpleaños fuimos a ver un concierto de Daniel Higiénico. Era una sala pequeña -un pub-. Hacía un montón de tiempo que no lo escuchaba. Y le empiezas a dar vueltas a lo del tiempo... Time goes by con Loli.

El tipo lleva muchísimos años en el mundo de la música. Pero nunca ha sido famoso. No ha sonado en grandes medios -creo que tampoco ha salido en la tele-. Pero se debe de ganar la vida porque... ahí sigue: dando conciertos en un circuito de salas por todo el Estado español. Y realmente el espectáculo está muy bien, muy pulido. Él lo llama "cancionólogo". Y el nombre le va muy bien: porque sus canciones son pequeños monólogos que va hilando con una conversación agradable y divertida. No necesitas conocer las letras, incluso mejor si es así.

Por curiosidad consultamos su edad... Porque ya vamos siendo grandes -y la edad nos preocupa-. En la sala había gente joven y, aunque no eran mayoría, también se reían. 64 tacos tenía ya -según Wikipedia-. Y, quizá, hasta esa edad, habrá estado escuchando lo de Córtate el pelo y prepárate una oposición. No sé... me pareció un héroe, un superviviente.

Me trajo recuerdos de Barcelona. Canta todo en castellano, pero el humor, los ritmos, las expresiones... Fue muy agradable, divertido y acogedor. Nada que ver con conciertos al uso, atestados de gente.

 *************

Me sabe mal enlazar videos de youtube. Tiene una estrategia muy agresiva para la publicidad. Si yo fuera una empresa nunca pondría un anuncio ahí. Está claro que los utiliza para extorsionar a los usuarios y que paguemos la cuota premium. Necesariamente tiene que generar mala imagen de marca. 

Se me aparece como la decadencia absoluta del capitalismo. Empachados de comprar cosas, la publicidad se ha convertido en arma arrojadiza. Los beneficios no crecen y se recurre a la extorsión, el engaño, los impuestos y la usura para extraer las rentas de las clases más bajas y transferirlas a los multimillonarios del "Valle de la Silicona".

Me encanta "traducir" Silicon Valley de esa forma. Me imagino un montón de frikis pervertidos rodeados de chicas operadas. Como una versión grotesca de "El nacimiento de Venus", sin Boticcelli.

El 1 de marzo Venus García bajó de los cielos pidiendo amnistía

 

Supongo que en época de Boticcelli las cosas tenían importancia y se hacían para durar. Quizá aún no existía esa imperante necesidad de hacer crecer los beneficios. Quizá la ostentación estaba en los bellos cuadros y no en los números del banco. Seguramente la artesanía y la fabricación no estaban separadas. Quizá uno podía recrearse en los objetos, repararlos, heredarlos... Quizá lo de la publicidad como gancho -a ver si pican- era un absoluto absurdo.
Se me aparece que Daniel Higiénico está sumido un tanto en esa lógica de la época de Boticcelli. Que su publicidad es el boca a boca y que tiene ese toque de trovador y trabajo artesano.


**********

El otro día miraba la pata del jamón... -Debería darle la vuelta. Es lo que se hace cuando pasas los 40. Aunque... -Los 40 son los nuevos 30... Definitivamente: no quería darle la vuelta. Luego me encontré esta foto de la menor de mis hijas. Mostrándome el reloj: -Mira, te hago mayor.
Y esos retratos al fondo... de cuando eran pequeñas -más pequeñas-. El tiempo pasa y se nos va en putas mierdas... Yo solo quería coger la desbrozadora, echar gasolina, ponerme el casco, los auriculares... y segar la hierba. Pero había tantas cosas que hacer... -Prepararé un poco de puré.



jueves, 29 de febrero de 2024

Revolución

Era un tipo mediocre, el típico mal estudiante que conseguía salir adelante haciendo lo mínimo y aprovechándose del trabajo de los demás. Pero él siempre se refería a sí mismo como el mejor. Disfrutaba dando la brasa al personal con su expertise en todo... en todo lo que a él le interesaba. Hasta que un día, los astros se alinearon y lo colocaron en un cargo de poder. A su manera, siempre andaba medrando. Pero ahora sí lo había conseguido: ¡Era lo más!
Ya sólo tenía que vigilar y castigar. Había sido educado en ese sistema y, con su falta de liderazgo, aquella era la única estrategia que conseguía imaginar para mantenerse como miembro honorable de la República Democrática de la Banana.

En la República la consigna de El Capo era clara: -Tenemos que exponer nuestros éxitos por encima de todos y acallar cualquier crítica. Tenemos que ganar la batalla por el relato! Así que, la militancia, se pasaba los días escudriñando las redes sociales y, cuando detectaban algún movimiento que pudiera interpretarse como una crítica, unos cuantos mamporreros se encargaban de hacer las llamadas pertinentes: -Tenéis que portaros bien. Podemos poneros las cosas muy difíciles. La gente solo quiere morbo y nosotros sólo queremos lo mejor para todxs. Pablo Motos era un aficionado a su lado.

Así que, poco a poco, en la República Bananera la gente fue callando... Se fue quedando seria, como patatas. Sólo en las fotos y videos de El Capo y sus secuaces se veían sonrisas. Todo era apariencia. Como en El Show de Truman. Pero... ¿Qué cojones! Si hasta habían contratado una empresa de marketing digital para exhibir aquello como un lugar de fantasía y piruleta! Todo parecía estar bien en el mejor de los mundos posibles.

 **************

Un día, el joven Truman, decidió tomar la iniciativa y arreglar el viejo semáforo. Estaba harto del caos en el cruce. Nadie sabía quién tenía prioridad y, ante la duda, se quedaban inmóviles -como patatas- esperando que la luz se pusiera en verde. Pero el verde nunca llegaba. Todo era de un rojo intenso, muy violento. Hasta que Truman actuó... De forma altruista y desinteresada, por el bien de su comunidad, porque le dolía aquella inmovilidad y seriedad. Y fue vitoreado, aclamado... -¡Bravo Truman! por fin podemos circular con seguridad! 

Entonces El Capo pensó que aquello no era bueno. Que las buenas acciones sólo debían venir de un sitio: desde arriba. -Comportamientos como este no se pueden tolerar: Vigilad, silenciad y castigad. O las patatas se rebelarán.

Truman se sintió decepcionado y cabreado a partes iguales. No entendía que fuese castigado por hacer cosas buenas. Acudió al Sindicato, pero el asociacionismo estaba secuestrado... Bueno, realmente estaba silenciado, o comprado, o ambas cosas... Vale, sí: secuestrado, estaba secuestrado. -No podemos ir contra El Capo, nos quitarían la subvención, la gente tiene miedo. No ves que están serios -como patatas-?

****************

El tipo mediocre -y ahora miembro honorable- se desenvolvía como pez en el agua en aquel ambiente. Reía y despotricaba a partes iguales. Era uña y carne con El Capo. Sus intereses estaban perfectamente alineados. Un halo de negrura se iba concentrando sobre La Fortaleza -el viejo cuartel militar que se alzaba sobre la sierra cercana-. Desde allí se podía controlar todo... Sí, para mantener el poder había que hacer cosas horribles y él estaba dispuesto a todo.

Las patatas se debatían entre el enfado y el acomodo. No querían tener que pasar por el brasas: era muy cansino. La militancia empleaba malas artes... Pero la apariencia y el aroma a rancio eran insostenibles. Truman quería llegar más lejos y, cada vez, aparecían más personas con buenas intenciones. Las patatas gritaban -¡Que le den la vuelta a la tortilla! ¡Revolución!

viernes, 23 de febrero de 2024

Resolución de problemas en el desarrollo de software: una mirada fenomenológica

Seguramente la fenomenología sea una de las corrientes filosóficas más importantes e influyentes del último siglo. Sus principales autores fueron un puñado de señoros blancos, centro europeos, más o menos acomodados, que desarrollaron sus carreras en diferentes cátedras universitarias: Husserl -al que puede considerarse el padre de dicha corriente-, Heidegger, Merleau-Ponty, Sartre, Gadamer...
Durante la Segunda Guerra Mundial, con el auge del nazismo, algunos de estos filósofos huyeron del viejo continente y la fenomenología extendió su influencia por las américas. Así que, a día de hoy, existe una amplia bibliografía y expertos que siguen estudiando esta corriente, no sólo en lengua alemana y francesa, sino también en inglés y castellano.

Y ¿Qué carajos tiene que ver la filosofía con la resolución de problemas -especialmente con los problemas tecnológicos-? Bueno... el de este post, no es sólo un título que busque generar expectación. Aquí trataré de exponer como, mantener una actitud fenemenológica, nos puede resultar útil a la hora de abordar ciertos problemas que surgen en el desarrollo de aplicaciones informáticas... O quizá no resulte útil pero, al menos, nos hará sentirnos parte de un ser más global al conectar nuestras miserias de desarrolladores con los grandes problemas de la humanidad: ¿Qué es el Ser? ¿Es posible el conocimiento? Quizá, así, nos ayude a llegar más lejos, nos de aire para sumergirnos más profundo y, finalmente, nos conduzca al éxito si lo abordamos como una cuestión trascendental y no un simple problema técnico.

Si pudiéramos definir la fenomenología en una sola frase diríamos con Husserl que hay que "ir a las cosas mismas". Y, las cosas mismas, en este nuestro caso, van a ser los problemas tecnológicos. Y, para ser más específicos: los problemas surgidos en el desarrollo de software.

Muchas veces creemos que debemos acumular un montón de conocimientos teóricos para afrontar los problemas que nos encontramos en nuestro trabajo diario. Padecemos un cierto síndrome de Diógenes del conocimiento. Un síndrome que vamos cultivando desde que nos incorporamos al sistema educativo: adquiriendo el conocimiento y luego demostrándolo en exámenes y pruebas varias. Pero no es algo exclusivo del sistema educativo. Se ve también en el mundo empresarial: en la compañía para la que trabajo, por ejemplo, la forma de promocionar consiste en defender ante un comité de "expertos" que manejas una buena retahíla de conocimientos teóricos en un área determinada. Y muchas entrevistas de trabajo acaban convirtiéndose en un enumerar tecnologías, saber situarlas en un cierto espectro de negocio -y que coincidan con la check list del entrevistador-. Incluso, en algunas empresas, se hacen exámenes -o pruebas técnicas- para seleccionar al mejor candidato, en base a ese saber teórico.
No es de extrañar que el sistema educativo y empresarial se parezcan tanto: el uno alimenta al otro de mano de obra y las compañías marcan la hoja de ruta de los centros de formación -en base a las necesidades de los mercados-. Y, sí, es necesaria una cierta base teórica, una serie de preconcepciones, generalidades, formas de hacer, vocabulario y conceptos comunes que nos orienten en el día a día de nuestro sector concreto -y en el continuo movimiento de las nuevas versiones, productos y tendencias que van apareciendo en el mundo IT-. Pero seamos realistas: en la era del internet y las IA, el saber enciclopédico ha perdido fuerza frente a otras habilidades como buscar, filtrar y contrastar información, modelar o aprender haciendo... Ya no es tan fácil salir airosos de tirarse el pegote -porque con el móvil cualquiera puede acceder a internet y contrastar la información-.

De hecho, aunque manejemos un buen abanico de conocimientos, en nuestro quehacer diario debemos lidiar con muchas incertidumbres y tecnologías que no conocemos, o conocemos de forma vaga, o hace años que no utilizamos. Es imposible conocerlo todo: en los proyectos trabaja mucha gente, cada proyecto tiene sus propias dependencias, funcionalidades, módulos y una forma diferente de combinarlos para resolver necesidades concretas. Así que, cuando estamos implementando mejoras, cambios o nuevas características, nos puede pasar que "-Esta mierda no funciona y no tengo ni idea de por qué". Nos cabreamos y empezamos a buscar culpables para averiguar quién ha montado eso de forma tan enrevesada, nos bloqueamos, no sabemos por donde avanzar... Descubrimos que los flamantes contenidos teóricos que expusimos de forma brillante en la entrevista no sirven de mucho para manejarnos en la nebulosa de incertidumbre en la que hemos aterrizado. Aquí es cuando la fenomenología puede venir en nuestra ayuda: -¡Vayamos al problema mismo! Vayamos afianzando certidumbres, pongamos en suspenso aquello que dábamos por supuesto -pero de lo que no tenemos evidencia-. Con suerte, lograremos llegar a un punto en que descubramos que estábamos equivocados y que el error estaba en nosotros, que habíamos implementado algo con una concepción errónea de cómo funcionaba tal o cual herramienta -de la equivocación y el error es fácil salir; es mucho más complejo salir de los estados de confusión-.

Al final, la fenomenología va de eso: de aportar certeza, fundamentar las ideas en la realidad y determinar si es posible acceder a esta última desde nuestra subjetividad. El conocimiento siempre es "conocimiento de", siempre va dirigido a algo -acerca de lo que queremos saber-. Queremos saber de nuestro proyecto para identificar el problema, resolverlo y seguir adelante con lo que estábamos haciendo. Y, obviamente, no lo conocemos todo, sólo la superficie a la vista desde donde nos estamos aproximando... Todo apunta a que tendremos que enfocar desde puntos diversos y profundizar en ciertos aspectos que antes para nosotros eran perfectamente abstraíbles -caja negra-. Cuando finalicemos este proceso tendremos una idea más precisa de lo que el proyecto y las tecnologías que utiliza son. También la fenomenología nos señala eso: cómo las ideas que manejamos de las cosas están en continua construcción y adaptación, cómo se van determinando a partir de las diferentes miradas y formas de aproximarnos a ellas.

Por suerte, hoy día, tenemos un montón de herramientas que nos ayudan a llegar al proyecto mismo: control de versiones, visualización y filtrado de logs, monitorización de métricas, documentación, código fuente, comentarios, release notes, distintos entornos -de prueba, carga...- que nos hacen la vida más sencilla y nos permiten conocer los proyectos, su comportamiento y evolución ¿Quién ha cambiado qué? ¿Por qué lo ha hecho? Pero, claro, hay que tirarse al barro, remangarse, ponerse a probar, observar, recabar información... En fin, adoptar una actitud fenomenológica.

Mucho ir a la cosa misma, enfangarse y todo eso... pero hasta ahora lo único que hemos hecho ha sido idealizar nuestro proyecto: tratando de formarnos una idea más precisa de cómo funciona y, en fin, de lo que el proyecto es. Empezamos siendo críticos con el conocimiento teórico y acabamos volviendo a él. Pero en el camino ha ocurrido que nuestro conocimiento ha cambiado: es más profundo y detallado. Y podríamos perdernos en esa espiral virtuosa de conocimiento, pero el tiempo apremia y, realmente, no miramos el proyecto porque queramos adquirir conocimiento y tener una idea clara del mismo -un poco también es eso, pero no es lo más importante-, lo miramos desde nuestra circunstancia como desarrolladores, con una cierta intencionalidad: resolver el problema que nos bloquea el avance en nuestras tareas.

Heidegger fue alumno de Husserl pero consideró que su maestro había tomado un cierto rumbo idealista, que se había preocupado demasiado por el conocimiento, las ideas de las cosas y la relación entre ambas. Consideraba que había abandonado su propósito inicial: "ir a las cosas mismas". Heidegger dio un giro a la trayectoria de su maestro y se centró en el ser y en la existencia del individuo arrojado al mundo de la vida, llamó a esto "Dasain": ser ahí, estar en el mundo. Y eso es lo que nos ocurre a nosotros ante un problema: que estamos ahí, con nuestras circunstancias y, seguramente, no tenemos tiempo, permisos, ni recursos suficientes para llegar a tener una idea completa y fidedigna del proyecto y el entorno. Tenemos que partir de nuestra aproximación parcial, desde nuestro lugar en el mundo, compañía, equipo de trabajo...

En esta línea, Heidegger distinguió dos tipos de ser: un "ser a la mano" en el que no nos preocupamos mucho por cómo es la cosa en sí -por ejemplo, cuando tenemos nuestro ordenador y nuestro IDE funcionando como un reloj suizo, no nos importa cómo está ensamblado, simplemente los utilizamos-. Pero, cuando algo se rompe, o nos da problemas, entonces empezamos a preocuparnos por su ser: cómo funciona, de qué está hecho... Esta nueva preocupación por el ser es lo que Heiddeger llamó el "ser a la vista".

Ocurrió en nuestro equipo que, mientras hacíamos una actualización de dependencias de un proyecto, empezó a fallar el despliegue. Y era algo que no tenía mucho sentido, porque pasaba todos los tests, se ejecutaba en local... Pero, cuando intentábamos levantarlo en el entorno de desarrollo, se quedaba tostado. Nos tuvo bloqueados varias semanas. Era un proyecto del que sabíamos muy poco, y no había expertos a los que poder recurrir: varios equipos habían trabajado en él, pero todos tenían su conocimiento parcial. Finalmente, resultó que el cliente de mensajería de colas -Kafka-, había introducido algún cambio y hacía fallar un proceso interno que verificaba si se había llegado a leer todos los mensajes de la cola antes de dar la aplicación como healthy. 

Así que, el problema, hizo que dejáramos de lado una serie de acciones que ya teníamos bastante sistematizadas para actualizar aplicaciones y nos puso el proyecto a la vista. Y, una vez visto, sentimos la necesidad de comprenderlo. Aunque no lo comprendimos del todo y no desentrañamos su ser. Porque somos personas pragmáticas, técnicas, ingeniosos ingenieros que cumplimos con los dead lines... así que asumimos nuestra circunstancia y conseguimos llegar, no a la mejor solución posible, sino a una solución de compromiso. 

Al final, estos proyectos de software son construcciones humanas y, muchas veces, nos sentimos tentados de tirarlas a la basura y rehacerlas de nuevo. Porque, además, construir cosas nuevas es mucho más gratificante que no enredarse en estos problemas y estar durante semanas sin ver avances. Pero, a menudo, ocurre que la nueva implementación resuelve viejos problemas y genera otros. Cuesta mucho dejar algo funcionando fino, fino. Por eso a las IA y algoritmos hay que entrenarlos y los mejores profesionales son los que han aprendido haciendo. Seguramente andamos escasos de actitud fenomenológica: de ese ir a las cosas mismas. Y, en el caso de las construcciones humanas no dedicamos tiempo suficiente a comprenderlas, reapropiárnoslas o mejorarlas... Las descartamos rápidamente con el ávido deseo de implementar nuestras propias atractivas y dinámicas soluciones que resulten más rápidas, precisas y eficientes para nuestros fines. Al menos es así en el mundo de la tecnología y, porqué no decirlo, también en el de la ciencia. Pareciera que son áreas estas de conocimiento que se sostienen sobre la pura actualidad, como si no tuvieran historia -o como si esta fuera absolutamente prescindible-. Se sostienen sobre la idea de un positivismo sin fisuras: sólo es verdad lo último y los antiguos estaban equivocados porque carecían de nuestros conocimientos y herramientas. 

Husserl y otros fenomenólogos fueron muy críticos con la racionalidad técnico-científica y su positivismo. Consideraban que habían evolucionado al servicio del sometimiento y la explotación -de la naturaleza y también de otros humanos-. Que en su loca carrera utilitarista, esta racionalidad, se ha olvidado de las circunstancias sociales que la hicieron posible y ha acabado reduciendo la realidad a su propia dimensión. Por ejemplo, si preguntamos ¿Qué es un altavoz? Nos vamos rápidamente a sus características técnicas o los conceptos científicos en que se basa su construcción. No decimos que es de donde sale la música, la voz de nuestros seres queridos, o lo molesto que resulta cuando está cascado... Y para cualquier cosa que intentemos definir siempre damos prioridad a su dimensión científica o técnica, aunque para nosotros sean las menos relevantes de todas.

Heidegger fue aún más duro en sus críticas con la racionalidad científico-técnica, considerando que la cultura occidental se había preocupado únicamente por las cosas y se había olvidado del ser. Sólo vemos cosas. Cómo estas nos pueden resultar útiles para someter y transformar. Hemos perdido la capacidad de maravillarnos al observar la realidad.

Quizá todas esas críticas se traslucen en la forma de afrontar los problemas que nos encontramos a la hora de desarrollar sobre productos ya hechos. Lejos de adoptar una actitud fenomenológica, o maravillarnos con las implementaciones de otros, abordamos los problemas con un cierto positivismo naif por el que creemos ser mejores solo por el hecho de estar por delante en la línea del tiempo.
Y, bueno, caminamos a hombros de gigantes -apoyándonos en lo que otros construyeron-. La fenomenología no cuestiona ese hecho, sólo nos dice que lo pongamos entre paréntesis, en suspenso; que revisemos y verifiquemos con la cosa misma -con nuestra experiencia de la cosa-. Es esa actitud, de conocimiento y maravillarse de lo ya existente, la que puede ayudarnos a solventar nuestros problemas tecnológicos y acercarnos a los que estuvieron ahí antes que nosotros. Comprendiéndolos, en lugar de desautorizarlos porque "Yo esto no lo entiendo, así que no debe tener sentido".


***********

No parece la fenomenología una corriente revolucionaria que pretenda dar la vuelta a la tortilla. Todo lo contrario, perece continuista de lo que hay, un profundizar en el Ser. Tampoco es revolucionario el mundo del desarrollo de aplicaciones -aunque en la época álgida del software libre fantaseáramos con su poder transformador-.
Estos filósofos vivieron tiempos convulsos en la Europa de entre guerras. A Heidegger, su existencialimo no le salvó de afiliarse al partido nazi. También los programadores nos embarcamos en empresas inmorales -aplicaciones adictivas, de control...- . Pero, otros autores, como Lévinas, confirieron una dimensión ética a la fenomenología. Resaltando su carácter intersubjetivo, la construcción social de las ideas y el reconocimiento del otro como otro yo. Y es, quizá, ese vernos reflejados en los otros, reconocer su trabajo y subjetividad, lo que nos permita salir de esta deriva tan antihumana -de guerras, consumo y desigualdad- en la que andamos embarcados.